Prostatitis, ¿o no?

Hasta hace no muchos años casi cualquier varón con dolor pélvico era diagnosticado de prostatitis (inflamación de la próstata). “Infecciosa” en el caso de que se encontraran gérmenes en las pruebas realizadas. O “abacteriana” cuando no se hallaba rastro de bacterias en dichas pruebas. El objetivo del tratamiento de las prostatitis era aliviar dicha inflamación, con antibiótico en la mayoría de los casos.

Pero algunos de estos pacientes no mejoraban a pesar de dichos tratamientos. Y un porcentaje de ellos acababan sufriendo un cuadro de dolor pélvico a largo plazo, difícil de manejar por los distintos especialistas médicos.

Afortunadamente, a medida que aumenta el conocimiento del suelo pélvico, vamos descubriendo que muchas de estas “prostatitis” no lo eran realmente. Y que algunas de las que sí lo eran, se acompañaban también de un cuadro doloroso cuyo origen estaba fuera de la propia glándula.

La próstata

La próstata es una glándula que forma parte del aparato reproductor masculino. Por su aspecto y su tamaño podríamos decir que se asemeja a una castaña (o a una nuez). La glándula prostática se sitúa por debajo de la vejiga urinaria, rodeando a la uretra, y por delante del recto. Por este motivo, es posible palpar su tamaño y consistencia mediante el tacto rectal.

Su función es la de producir semen, junto con los testículos y las vesículas seminales.

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En la próstata tienen origen algunas de las enfermedades más prevalentes en el varón: benignas como la prostatitis y la hiperplasia benigna de próstata. O malignas, como el cáncer de próstata.

Prostatitis, ¿qué es?

Como he comentado anteriormente, se define prostatitis como la inflamación de la glándula prostática. Según la evolución de los síntomas, puede ser aguda o crónica. Y en función de la causa que la provoque, se puede clasificar en infecciosa o abacteriana. En el caso de las prostatitis infecciosas, pueden estar causadas por las mismas bacterias implicadas en las infecciones de orina. Pero también por los gérmenes causantes de las enfermedades de transimisión sexual como la clamidia o la gonorrea.

Se han identificado ciertos factores que facilitan la llegada de estos gérmenes hasta la próstata, favoreciendo la aparición de prostatitis. Éstos son: la presencia de una próstata grande (provoca una obstrucción al paso de la orina que favorece el reflujo), la existencia de lesiones en las zonas vecinas, la realización de técnicas invasivas (sondaje, cistoscopia, biopsia). Así mismo se ha visto más incidencia de prostatitis en las personas con fimosis.

Las prostatitis son cuadros relativamente frecuentes. Y lo habitual es que los especialistas las diagnostiquen de forma adecuada. Pero en aquellos casos en que tras recibir el tratamiento indicado persistan los síntomas, se debe sospechar que hay “algo más” o “algo diferente” a la prostatitis.

Fotografía: Ricardo Gomez Angel en Unsplash

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