Respiración abdominal

 

  • Yo: “En la sesión de hoy aprenderemos a respirar de forma adecuada”.
  • Paciente: ¿A respirar? Eso ya lo sé hacer. Yo he venido aquí porque tengo incontinencia urinaria.

O prolapso vesical, o dolor pélvico…

El comienzo de la rehabilitación de suelo pélvico la mayoría de las veces pasa por aprender a respirar. Es cierto que todos sabemos respirar. Si entendemos por respirar hacer llegar aire a nuestros pulmones para que realicen el intercambio gaseoso. Pero hay distintas formas de conseguir esto. Y hacerlo bien nos aporta no pocos beneficios.

¿Cómo respiras tú?

Tal vez nunca te has parado a observar tu forma de respirar. Un patrón respiratorio frecuente es aquél en el que al coger aire se realiza una expansión del tórax. Y al expulsarlo se abomba el abdomen.  Este tipo de respiración se conoce como respiración paradójica, en contraposición a la respiración abdominal.

Cuando respiramos de este modo activamos la musculatura respiratoria “accesoria”. Recibe este nombre porque la función de estos músculos es asistir al músculo respiratorio principal (el diafragma) cuando por sí sólo no consigue todo el oxígeno que necesitamos. Esto sucede en situaciones de actividad física intensa, enfermedades con compromiso respiratorio o en momentos de ansiedad o estrés.

Entonces, ¿por qué es tan habitual esta forma de respirar incluso en situaciones de reposo?

Respiración abdominal: el diafragma torácico

La forma correcta natural de respirar es hacerlo utilizando el diafragma torácico. Este músculo, formado por dos cúpulas de convexidad superior, separa la cavidad torácica de la cavidad abdominal. Y su función es respirar. Sí, el diafragma es el encargado de la respiración.

Su mecanismo es el siguiente: al inspirar se contrae (se activa) de manera sus dos cúpulas se aplanan y el diafragma desciende. Permitiendo que los pulmones se llenen de aire. Este descenso de las cúpulas provoca un abombamiento del abdomen.  Por lo que al inspirar nuestra tripa se expande.

Al exhalar o espirar (no expirar), el diafragma por sí solo (al relajarse), vuelve a su posición inicial: asciende y se forman de nuevo las dos cúpulas diafragmáticas.   Esta acción se asocia a un aplanamiento del abdomen.

Es decir, en un ciclo de respiración normal, al inspirar ensanchamos el abdomen (no el tórax) y al espirar el abdomen reduce su diámetro.

Practica la respiración abdominal

Busca algún momento del día en el que puedes hacer una pausa. Y sólo respirar. Con el diafragma, una respiración profunda.

Al permitir que el diafragma actúe con libertad y se relaje por completo, predomina la acción del sistema nervioso parasimpático. El que contribuye a bajar el ritmo cardiaco, la presión arterial… y favorece la calma.

Pero además, sólo realizando respiración abdominal conseguiremos un adecuado ritmo en el suelo pélvico. Por eso es nuestro principio.

Fotografía Mari Lezhava en Unsplash

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