Incontinencia fecal: causas y tratamiento

En entradas anteriores hemos hablado de la gran merma en la calidad de vida que las pérdidas de orina suponen. En el caso de la incontinencia fecal, la repercusión es mucho mayor. Esta enfermedad (en realidad, síntoma) provoca aislamiento social, deterioro de las relaciones familiares y de pareja, y disminución severa de la autoestima.

Al igual que la incontinencia urinaria, la incontinencia fecal no es un proceso normal asociado al envejecimiento, aunque su prevalencia sí es mayor en personas de edad avanzada. Y debido a su estrecha relación con el historial obstétrico, su incidencia es también mayor en el sexo femenino.

Es complejo establecer el porcentaje de la población que sufre incontinencia fecal. Según algunos estudios afectaría en torno al 8% de la población general. Pero hay que tener en cuenta que los datos disponibles suelen ser una infraestimación de la realidad: debido a que en muchas ocasiones se trata de un síntoma que no es manifestado por el paciente. Y otras veces somos los médicos quienes no dirigimos la historia clínica a buscarlo.

Causas de la incontinencia fecal

Para entender mejor qué procesos pueden provocar incontinencia fecal, es útil diferenciar dos grupos, según tengan o no asociada una alteración en el suelo pélvico

Algunos ejemplos en los que existe un daño en el suelo pélvico son: las malformaciones congénitas (las que están presentes en el nacimiento); los traumatismos perianales (durante el parto, una cirugía o en accidentes); y cuando existe daño de los tejidos asociado al envejecimiento o a lesiones nerviosas.

En otras ocasiones, a pesar de presentar un suelo pélvico intacto, se producen pérdidas fecales. Esto puede suceder en casos de diarrea. Y también, aunque resulte paradójico, en casos de estreñimiento, pues el contenido fecal rebosa en torno a las heces acumuladas. Así mismo, la incontinencia es habitual en pacientes con enfermedades neurológicas como las lesiones medulares o el daño cerebral, las demencias, la esclerosis múltiple y las neuropatías.

Tratamiento de la incontinencia fecal

¿Tiene cura? Podríamos decir que existen tantas alternativas de tratamiento como causas de incontinencia fecal. Obviamente, cada caso deberá ser estudiado de forma individual para plantear el mejor abordaje terapéutico. Cuando sea debida a una causa corregible, el primer paso será tratar dicha causa.

Si a pesar de esto persiste la incontinencia, uno de los pilares fundamentales del tratamiento son las medidas higiénico-dietéticas, que explicamos a continuación. A éstas habrá que añadir, según cada caso, otras modalidades terapéuticas. Como por ejemplo:

    • Tratamiento farmacológico (antidiarreicos),
    • Rehabilitación de suelo pélvico, dirigida a fortalecer, relajar o reeducar la musculatura perineal y esfinteriana. Y programas de reeducación intestinal,
    • Existen dispositivos para evitar los escapes (obturadores anales), para la recolección de heces, o sistemas de irrigación para conseguir un vaciado intestinal completo, que pueden resultar de utilidad en determinados pacientes,
    • Y en algunas ocasiones será necesaria una intervención quirúrgica.

Conocer nuestro cuerpo

Mediante la aplicación de medidas higiénico-dietéticas que nos permitan asegurar un vaciado intestinal regular y correcto, es posible manejar un elevado porcentaje de casos de incontinencia o, al menos, disminuir su repercusión en el día a día. Para llevar a cabo estas medidas, es fundamental que cada paciente vaya familiarizándose con sus necesidades y los horarios de su intestino.

Es importante hacer las modificaciones necesarias en la dieta, para conseguir la consistencia adecuada de las heces. No deben ser “ni muy blandas, ni muy duras”. Para conseguir esto, en ocasiones será recomendable aumentar la ingesta de fibra (cuando las heces son líquidas) pero en otros casos será mejor evitarla.

Y si con una consistencia adecuada de las heces conseguimos un vaciado regular del intestino, disminuirán de forma clara los episodios de incontinencia. No es posible definir una frecuencia idónea, porque varía en cada persona. Pero sí suele ser posible encontrar una pauta regular (en algunas personas dos veces al día, en otras cada dos días) que permita mantener la ampolla rectal vacía hasta la próxima evacuación.

El vaciado además debe ser completo. Cuando la evacuación es incompleta, los restos que permanecen en el recto pueden ser los causantes de pequeños escapes, sobre todo cuando hay lesión del suelo pélvico.

Si padeces incontinencia fecal, no dudes en consultar a tu especialista.

 

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