Movilidad de la pelvis

PelvisA veces olvidamos que, al igual que otras zonas del cuerpo, nuestra pelvis tiene su propia movilidad. Está formada, como véis en la imagen de la derecha, por 3 huesos unidos entre sí (los iliacos – ilion, los isquiones -isquion, y el pubis), articulados con el sacro. Forman entre sí una especie de embudo, destinado a alojar los órganos pélvicos. Y gracias a que están articulados entre sí, con la columna y con los miembros inferiores (las piernas) es posible la movilidad de la pelvis.

Las articulaciones permiten la movilidad de la pelvis

De forma similar a como una articulación de nuestro cuerpo, por ejemplo la muñeca, se mueve en distintas direcciones (arriba y abajo, hacia ambos lados, la podemos hacer girar), también la pelvis puede moverse. El sacro articula con la zona lumbar (1 en la figura inferior); y con el ilion (2). El pubis también tiene cierta movilidad en su sínfisis (3). Y por último, la pelvis  está conectada con la cabeza de ambos fémures en la articulación de la cadera (4). Ésta es la segunda articulación más móvil del cuerpo humano.

Articulaciones de la pelvis

Cada una de estas articulaciones contribuye, en mayor o menor medida, a que la pelvis se mueva. Esta parte del cuerpo no es un bloque. Aunque en algunas personas pueda dar esa sensación.

Por otro lado, en cada una de estas articulaciones existen potentes ligamentos que, junto con los músculos y otros tejidos blandos, ayudan a estabilizar la pelvis.

Por qué es importante la movilidad de la pelvis

Movilidad de la pelvis-Elvis PresleyUna de las razones es que la posición de la pelvis determina la postura de la persona. Y ésta condiciona el funcionamiento tanto de la columna, como de los miembros superiores e inferiores. Todo pasa por la pelvis. Por lo que cuando su posición  no es la adecuada, o la movilidad pélvica está limitada, pueden aparecer disfunciones en la columna vertebral (por ejemplo, lumbalgias) o incluso repercutir en zonas más alejadas del cuerpo (dolor cervical, de hombros, de rodillas…).

Otro motivo, relacionado directamente con el suelo pélvico, es que la pelvis forma parte de un todo. Junto al abdomen, la región lumbar y el periné constituye “el complejo lumbo-abdómino-pelvi-perineal”: una unidad funcional. Por lo que la posición inadecuada de la pelvis afecta directamente al funcionamiento del core, y viceversa. Lo que puede contribuir a la aparición o progresión de problemas como la incontinencia urinaria, el dolor pélvico o los prolapsos.

En próximas entradas os contaré cómo se debería mover la pelvis (aquí podéis aprender qué es y cómo hacer la báscula pélvica). Y qué hacer para mejorar su movilidad en caso de que esté limitada. No es necesario llegar a moverla como Elvis Presley, pero tampoco podemos dejar que funcione en bloque.

Imágenes: Pelvis, Articulaciones de la pelvis, Elvis Presley

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