Por qué aparecen los prolapsos

Como ya expliqué en un post previo, un prolapso de órgano pélvico consiste en el descenso de alguna (o varias) de las vísceras alojadas en la pelvis. Hablamos de prolapso cuando la vejiga, el útero o el recto asoman por la vagina. Algo parecido a una hernia. ¿Pero por qué aparecen los prolapsos? ¿Qué personas tiene más riesgo de sufrirlos?

Por definición (descenso de un órgano a través de la vagina), es una patología exclusiva del sexo femenino. Una entidad diferente es el prolapso rectal, del que ya os hablé aquí.

Cómo se sujetan nuestros órganos pélvicos

Para entender por qué aparecen los prolapsos es importante saber cómo están situados los órganos dentro de la pelvis. De forma simplificada podemos diferenciar dos “sistemas de sujeción” que permiten que la vejiga, el útero y el recto puedan mantenerse en su posición. Con una forma determinada, y una adecuada disposición en el espacio.

por qué aparecen los prolapsosUno de los sistemas de sostén es el propio suelo pélvico, el periné. Con sus músculos y fascias. Sobre él, a modo de hamaca, se sitúan las vísceras que acabamos de mencionar. Si nuestra hamaca imaginaria no tiene la tensión adecuada (por exceso o por defecto), su sostén se verá comprometido. Y más aún si en el centro de esa hamaca existe un agujero más grande de lo habitual (lo que correspondería al hiato vaginal).

Pero además del apoyo sobre el suelo pélvico, tanto la vejiga como el útero y el recto están suspendidos dentro de la cavidad abdomino-pélvica. A través de potentes ligamentos y fascias. Que conectan estos órganos con las paredes de la pelvis y el abdomen.

Cualquier situación que lesione o distienda este tejido conectivo de sostén, provocará la caída o el descenso de parte o la totalidad del órgano.

Siguiendo con el ejemplo de nuestra hamaca, sería como si intentáramos permanecer de pie sobre ella. Una cuerda que sujetara nuestros brazos atados a la palmeras aumentaría las probabilidades de permanecer erguidos en la hamaca. Si estas cuerdas perdieran tensión o se rompieran, sería muy probable caer al suelo.

¿Por qué aparecen los prolapsos?

Cualquier condición que afecte a cualquiera de estos mecanismos de sostén, favorecerá la aparición o progresión de los prolapsos. A continuación os voy a mencionar algunas de las más frecuentes:

El embarazo y el parto son los principales factores de riesgo. En el embarazo hay una importante distensión de los tejidos de sostén y además un importante peso “extra”, que recae sobre los órganos de la pelvis. Durante todo el trabajo de parto, la musculatura del suelo pélvico sufre una distensión mayor aún. Y durante el expulsivo pueden producirse desgarros o lesiones por episiotomías.

Obviamente el riesgo de prolapso aumenta con los embarazos múltiples y con fetos macrosómicos (más grandes de lo habitual). Así mismo, a mayor número de partos, más probabilidad de prolapso.

Por un mecanismo similar al del embarazo, la obesidad aumenta las probabilidades de que aparezca un prolapso (y también, como ya vimos, incontinencia urinaria).

En personas de edad avanzada los tejidos pierden tono y elasticidad, por lo que es más probable que desciendan los órganos. Los cambios hormonales asociados a la menopausia también afectan a la capacidad de sostén.

Otras situaciones meno frecuentes, relacionadas con la aparición de prolapsos son la presencia de útero invertido, tumores grandes en el útero y ovarios y otros procesos ginecológicos

Los más fácilmente modificables

Los anteriores son factores sobre los que, una vez que han tenido lugar (embarazo y parto), no se puede actuar; tampoco podemos cambiar la edad ni las etapas que atraviesa la mujer a lo largo de su vida. La obesidad sí sería un factor modificable (reconocemos que no es fácil) al igual que los son los hábitos que os voy a describir a continuación.

Son numerosas las situaciones que en el día a día pueden estar contribuyendo a la aparición de los prolapsos. Todas aquellas que aumenten, de forma inadecuada, la presión abdominal. Como, por ejemplo, los pujos durante la defecación; por lo que el estreñimiento  persistente sería un factor de riesgo. La tos crónica, en pacientes con patología pulmonar, también contribuye al descenso de los órganos pélvicos. Igual que los esfuerzos importantes realizados de forma incorrecta (cargar o empujar pesos, deportes de impacto…).

Ahora que ya sabes por qué aparecen los prolapsos, te animo a que te pongas en marcha para modificar los factores que puedas cambiar. Eso evitará que no aparezca o frenará su progresión si ya sufres de prolapso.

Fotografía: James Connolly en Unsplash

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