¿Prostatitis o dolor pélvico en el varón?

El dolor pélvico en el varón es una patología más frecuente de lo que podríamos imaginar. Hace tiempo ya os hablé extensamente sobre esta patología (causas del dolor pélvico en el varón, opciones de tratamiento…). Aún así, he querido realizar una nueva serie de entradas en el blog sobre este tema, para resolver todas las dudas que me habéis ido planteando. Y para compartir con vosotros mi experiencia en la consulta con estos pacientes durante los últimos años.

El dolor pélvico en el varón provoca una constelación de síntomas que pueden llegar a afectar de forma significativa a su calidad de vida. En algunos estudios se habla de una prevalencia de entre el 2-9% de la población. Cifra comparable a la de pacientes que padecen tensión alta  (hipertensión arterial) o  diabetes (diabetes mellitus). Es decir, se trata de un problema muy prevalente. Sin embargo, es una patología poco diagnosticada, muchos casos pasan desapercibidos. Bien porque se realizan juicios clínicos no adecuados (por ejemplo, un diagnóstico de prostatitis, sin haberse demostrado su existencia). O porque los pacientes no consultan al especialista. Para muchos varones se trata de un tema tabú, lo que hace que tarden más en consultar a su médico.

El dolor pélvico en el varón

El dolor pélvico en el varón se define como el dolor localizado en la pelvis masculina.  Lo denominamos «crónico» cuando ha estado presente durante al menos tres de los últimos seis meses. En estos casos crónicos es habitual que el origen del dolor no pueda ser definido con exactitud.

Dentro de la pelvis, la localización del dolor es variable. Algunos pacientes lo refieren en la región perineal (pene, testículos), otros en en la zona perianal (recto o ano). Algunos lo localizan en otras áreas como la región inguinal, suprapúbica o abdominal. Las características del dolor también son diferentes entre cada paciente. Algunos lo describen como pinchazos, quemazón, calambre, sensación de ocupación, etc. Puede ser continuo o aparecer solo en determinadas situaciones. Algunos pacientes identifican claramente qué factores lo alivian o lo agravan.

Por tanto, aunque hablamos de forma genérica de dolor pélvico en el varón, cada paciente presenta un cuadro clínico característico.

Síntomas acompañantes

Además, este dolor habitualmente no se presenta como un síntoma aislado. Suele ir acompañado de problemas urinarios. Como por ejemplo, aumento de la frecuencia entre micciones, nocturia (necesidad de levantarse por las noches a hacer pis en más de una ocasión) o urgencia miccional (necesidad imperiosa de hacer pis). Habitualmente también se acompaña de disfunción sexual: alteraciones en la erección o eyaculación, que pueden asociarse a disminución del deseo sexual. Con menos frecuencia pueden producirse alteraciones del ritmo defecatorio (como estreñimiento o molestias al hacer deposición), o dolores en otras localizaciones: dolor lumbar, dolor irradiado hacia las piernas.

Los médicos hablamos de síndrome cuando nos referimos a un conjunto de síntomas que se presentan juntos y todos ellos son característicos de un determinado cuadro clínico. Por este motivo, en estos casos de dolor asociado a otros síntomas, sería más adecuado hablar de síndrome de dolor pélvico crónico. 

¿Prostatitis crónica?

Clásicamente, los pacientes que sufrían el cuadro clínico que acabo de describir eran diagnosticados de prostatitis crónica: debido a su localización (los principales síntomas aparecen en zonas próximas a la próstata) y su errática evolución (crónica).

Pero mediante distintos estudios se ha podido comprobar que, en un elevado porcentaje de casos, el origen de los síntomas no está en la próstata. Y en la mayoría de ellos, no se encuentran datos que permitan confirmar infección o inflamación en dicha glándula.

Por tanto, diagnosticar a pacientes con dolor de larga evolución en el área pélvica de prostatitis crónica, prostatitis abacteriana u otros términos centrados en la próstata, sin haber una prueba de laboratorio (analíticas, cultivos) que confirme dicho diagnóstico, no sería acertado. Tampoco sería correcto utilizar el término prostatodinia (por su etimología, dolor en la próstata).

El problema es que un inadecuado diagnóstico implicará la prescripción de tratamientos no indicados (como por ejemplo antibióticos). A los que el paciente, probablemente, no responderá de forma favorable.

Un reto para el médico

Debido a la mala respuesta que clásicamente han tenido los pacientes a las distintas terapias administradas, la atención a los pacientes con dolor pélvico crónico supone un reto para el médico. Suele tratarse de pacientes que visitan diferentes especialistas buscando una causa que explique su dolor y una solución al mismo. Se someten a diversas pruebas que no aportan resultados concluyentes. Y con la etiqueta de prostatitis crónica se les pauta algún tratamiento al que no suelen responder.

En próximas entradas del blog explicaremos por qué es importante conocer bien el perfil del paciente que nos consulta, cómo hacer una minuciosa valoración para poder conocer dicho perfil y qué opciones de tratamiento podemos ofrecer.

Fotografía: Carlos Roman Ruiz Basulto en Unsplash

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