Un taburete, ¿para qué?

Es innegable que la sociedad ha avanzado en (casi) todos los ámbitos a lo largo de la historia. Aunque debemos reconocer que en esta evolución también hemos perdido.

Hemos perdido cuando una conversación de Whastapp sustituye a un café. Perdemos cuando vivir en una gran ciudad nos va comiendo cada día por dentro. Y también salimos perdiendo cuando por higiene o comodidad ignoramos por qué nuestro cuerpo fue diseñado así.

Lejos de nuestra civilización, donde algunos hábitos perduran, el intestino sigue funcionando a su manera: allí la postura de defecación es en cuclillas, con las caderas flexionadas y las rodillas cerca del pecho. El intestino de los “civilizados” tiene esa suerte sólo de vez en cuando: en alguna salida al campo o en las “placas turcas” que sorprenden durante algunos viajes exóticos.

Inodoros

Sin entrar en detalle en la historia del inodoro, según recoge Wikipedia, nuestro sistema actual se remonta aproximadamente al siglo XVIII. La principal diferencia con los anteriores métodos fue que por primera vez contaba con un cierre hidráulico, que evitaba la salida de olores, y permitía la conexión con el alcantarillado. Lo que supuso un gran avance para la salud pública.

Los inodoros que usamos en la actualidad tienen habitualmente 40 centímetros de altura. Y lo normal es sentarnos en ellos para vaciar la vejiga y el intestino. Así, sentados, la parte final del intestino no queda posicionada correctamente. Puesto que la musculatura y ligamentos del suelo pélvico no se relajan por completo y provocan una angulación en el tramo final del intestino grueso, que dificulta el vaciado. Algo parecido a cuando una manguera está acodada y el flujo se encuentra obstruido.

Estreñimiento

Debido a esta dificultad para el paso de las heces, podemos considerar la inadecuada posición durante la defecación como un factor favorecedor del estreñimiento (además de otras causas que ya os conté aquí). Si existe un obstáculo para el tránsito fecal puede ocurrir que el vaciado sea incompleto o que sean necesarios pujos más intensos para evacuar.

Esto puede marcar el comienzo de un círculo vicioso que contribuya a la aparición de problemas proctológicos (de la zona recto-anal), como hemorroides o fisuras, y sus complicaciones.

El taburete

La buena noticia es que podemos imitar la posición fisiológica de defecación aun manteniendo nuestros inodoros. Es posible conseguirlo colocando un taburete bajo los pies. Basta un pequeño escalón de unos 20 cm que eleve nuestros pies y rodillas. El taburete hará que aumente la flexión de las caderas y se consiga la angulación adecuada del recto. Evitando cualquier obstrucción al paso de las heces.

Como no podía ser de otra forma, se pueden encontrar en el mercado taburetes diseñados específicamente para este fin. Con una forma que permite la adaptación a la base del váter y el apoyo de los pies sobre una superficie con su silueta. Es una buena opción para quien lo desee. Pero un pequeño taburete hará la misma función.

Fotografía: Sho Hatakeyama on Unsplash

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