Yo no soy muy de pastillas, doctor

Yo no soy muy de pastillas

– Doctora, es que yo no soy muy de pastillas.         

– Ya…, yo tampoco, pero…

Y me atrevería a decir que casi ningún médico y casi ningún paciente son muy de pastillas.

Es cierto que hay pacientes que abusan de determinados fármacos (habitualmente de analgésicos); y sufren las posibles/esperables complicaciones derivadas de este exceso (sangrado, daño renal, dependencia…). También es verdad que algunos médicos sobre-medican (o sobre-medicamos) a nuestros pacientes. En ocasiones por no dar las indicaciones adecuadas sobre la duración de los tratamientos; otras veces por no hacer una historia clínica adecuada y añadir fármacos similares a los que el paciente ya está tomando. O por otras causas…

Ninguna de estas situaciones es deseable. Y, afortunadamente, lo habitual es que los fármacos sean sólo una parte más del arsenal terapéutico del que disponemos los médicos, y que hagamos un uso racional de los mismos.

Analgésicos y suelo pélvico

En el ámbito del suelo pélvico, el tratamiento farmacológico se prescribe sobre todo en cuadros de dolor (crónico). En los que el uso de distintos tipos de analgésicos suele ser imprescindible. Voy a referirme en adelante al dolor pélvico pero lo que os explico podría ser extrapolable a otros tipos de dolor.

Yo no soy muy de pastillas

Como os he contado en posts previos, la mayoría de los cuadros de dolor pélvico tiene un origen multifactorial: influyen muchas causas en su aparición, aunque casi siempre se puede identificar una que pone de manifiesto la importante repercusión del dolor, la gota que colma el vaso.

Y puesto que hay múltiples factores que lo provocan, suele ser imprescindible hacer un abordaje multimodal de este dolor pélvico. Es frecuente que sea necesario realizar tratamiento manual, tomar fármacos analgésicos, aplicar electroterapia (TENS, US) o radiofrecuencia, administrar infiltraciones… No siempre se necesitan todas ellas, pero habitualmente sí se deben combinan varias. Y cada una tiene su función específica en el control del dolor.

Sensibilización

Además, cuando el dolor cronifica su abordaje se hace más difícil: puesto que el mecanismo que hace que este dolor se mantenga en el tiempo es más complejo. El término sensibilización hace referencia a la percepción de la sensación dolorosa en un área mayor o en un tiempo más prolongado del que cabría esperar por la causa inicial del dolor.

Para evitar llegar a esta sensibilización, o cuando ésta ya se ha producido, el uso de fármacos analgésicos suele ser imprescindible. Pero algunos pacientes se resisten a esta parte del tratamiento. Lo que puede dar lugar a una recuperación más lenta o insuficiente.

En ningún caso quiero transmitir el mensaje de que se deben tomar analgésicos para cualquier dolor y sin un control racional. Tampoco que los analgésicos son la única solución para todos los cuadros de dolor. Pero sí son una herramienta muy útil (en algunos casos imprescindible) en el control del dolor tanto agudo como crónico.

Yo tampoco soy muy de pastillas. Y trato de evitar su exceso en mis pacientes. Pero opino que los medicamentos tienen indicaciones claras. Y bien indicados, pueden aliviar los síntomas que motivan muchas de las consultas médicas y evitar complicaciones posteriores (sensibilización).

Fotografías: Ángel Caballero en Flickr y Rawpixel en Unsplash

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