Fisura anal, ¿qué es?

Fisura anal anatomíaUn problema muy frecuente (cada vez más, probablemente por el ritmo de vida actual) es la fisura anal. Una lesión que puede llegar a afectar de forma significativa a la calidad de vida de quienes la sufren. Es difícil saber su incidencia exacta, pero se trata de un proceso muy prevalente.

Una fisura anal consiste en un desgarro (una herida) de la mucosa que recubre el canal anal (el tramo final del intestino grueso). Su aparición suele ser progresiva (debido a distintos factores) y su curación es en muchas ocasiones un proceso lento e insidioso.

¿Qué síntomas produce la fisura anal?

Las fisuras anales normalmente cursan con dolor. Que en ocasiones puede llegar a ser muy intenso: algunos lo describen como desgarrador. Inicialmente, este dolor se suele limitar al momento de la defecación. Pero si pasa el tiempo y la fisura cronifica, el dolor puede permanecer hasta horas después de la defecación (debido al espasmo provocado en la musculatura). En algunos casos este dolor persiste durante todo el día. E interfiere en distintos ámbitos de la vida cotidiana del paciente: laboral y social, pues es habitual que el dolor impida la sedestación prolongada (estar sentado mucho tiempo); y también en el ámbito personal, pues llega a limitar la vida sexual y de ocio.

Fisura anal dolor

Las fisuras anales también provocan sangrado. En cantidad variable según el grado de la misma. El sangrado producido por una fisura anal es rojo vivo, sangre fresca.

¿Por qué aparece?

Sin lugar a dudas, la principal causa es el estreñimiento. Aunque la diarrea es en ocasiones el principal factor desencadenante. La combinación perfecta para que aparezca una fisura anal son unas heces duras con unos pujos inadecuados durante la defecación. Sobre todo si esto sucede de forma mantenida, a lo largo de días o semanas. La mucosa se va volviendo más friable de forma progresiva, hasta que un día “se rompe”. Apareciendo una solución de continuidad que puede ser el comienzo de un círculo vicioso problemático:

El dolor asociado a la fisura suele provocar un espasmo reactivo del esfínter anal. Es decir, el dolor hace que la zona perianal esté más tensa de lo que debería estar. En circunstancias normales, en el momento de la defecación el suelo pélvico se relaja, “se abre” para que las heces puedan salir. Si el esfínter anal no está relajado, la defecación será aún más difícil por existir un obstáculo para su salida. Añadido al dolor que las heces provocan al atravesar la zona de la fisura.

Cuando esto sucede, es habitual que la persona, ya sea de forma voluntaria o inconsciente, posponga el momento de la defecación. Por el miedo al dolor. Lo que agrava el cuadro pues cuanto mayor tiempo permanecen las heces en el intestino, más duras se vuelven. Y más difíciles de evacuar.

La fisura anal aparece con frecuencia asociada a las hemorroides (parece lógico, pues comparten factores desencadenantes).

Disfunciones del suelo pélvico

En otras ocasiones el desencadenante puede ser un mal funcionamiento del suelo pélvico. Normalmente debido a un exceso de tono en esta musculatura que impide la relajación adecuada y necesaria para que la defecación se produzca con normalidad.

Esta hipertonía del suelo pélvico puede ser secundaria a episiotomías o desgarros con evolución desfavorable (las fisuras anales del posparto); o a un aumento de tono provocado por ejercicios de fortalecimiento practicados de forma incorrecta o excesiva.

Existen otras causas de fisuras anales, como la enfermedad inflamatoria intestinal, ciertos procesos infecciosos, secuelas de cirugías coloproctológicas, traumatismos anales, etc.

Cada vez más frecuentes

Como he comentado al principio de esta entrada, la incidencia de las fisuras anales está probablemente en aumento (es difícil conocer su cifra exacta por tratarse de un tema por el que no todos los pacientes consultan). Uno de los motivos es, seguramente, el ritmo acelerado de vida que muchos llevamos.

Cuando no se atiende al deseo defecatorio y se pospone el momento de la evacuación (por prisas, por higiene, etc), las heces se van volviendo más duras y más difíciles de eliminar. Y por otro lado, el ritmo intestinal va cambiando: si no hacemos caso a nuestro intestino (retrasando el momento de la defecación), éste «dejará de avisarnos». De manera que  la frecuencia con la que nuestro intestino nos avisa de que debemos vaciarlo disminuye. Pudiendo dar lugar al comienzo del círculo vicioso del que os he hablado.

La próxima semana os daré unas pautas para evitar la aparición una fisura anal. O para conseguir su curación una vez que ha aparecido. De momento, aquí puedes encontrar información útil.

¿Has pasado por la mala experiencia de sufrir una fisura anal?

Fotografía: Aziz Acharki en Unsplash

Comments

  1. Hola, tengo una fisura anal y quiero evitar la cirugia.
    Tras la defecavion, al cabo de un rato conienza el dolor y es muy kntenso. No consigo curarlo concremas especificas para ello. Queria saber si hay algun tipo de fisioterapia enfocada a la relajacion del esfinter anal que me pueda ayudar.
    Gracias

    • Hola María,

      Además de las adaptaciones en tu dieta para mejorar el tránsito intestinal y la consistencia de las heces, es importante, como bien dices, relajar la musculatura del esfínter anal y del suelo pélvico.

      Para ello, mi recomendación es que te pongas en manos de un especialista (médico rehabilitador) para que valore cuál es el estado de tu musculatura. Te enseñará a relajar y flexibilizarla tú misma (ejercicios, automasaje…), tal vez considere que necesitas algún tipo de tratamiento farmacológico y seguramente te prescribirá también tratamiento manual (masaje).
      Dicho masaje va dirigido a relajar las zonas de la musculatura con exceso de tono, que son probablemente las que quedan «tensas» tras la defecación. Habitualmente la respuesta a este tipo de terapias es buena y consigue evitar la cirugía en un elevado porcentaje de casos.

      Un saludo, espero que mejores.

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