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10 octubre, 2017 by Dra.Morales

Neuropatía compresiva del pudendo

La neuropatía compresiva del pudendo, también conocida como síndrome de atrapamiento del nervio pudendo, es una causa de dolor pélvico. Su diagnóstico no es fácil, pues es frecuente que sea confundido con otras entidades clínicas. Se caracteriza por dolor en el área perineal y anal, que puede aparecer acompañado por otros síntomas.

Neuropatía compresiva del pudendo

Síndrome del túnel carpiano

Para entender la neuropatía del pudendo voy a hacer un paralelismo con el síndrome del túnel del carpo, conocido por casi todos. Éste consiste en el atrapamiento de otro nervio (el mediano) a su paso por el canal del carpo (en la muñeca). Las personas que han sufrido este problema conocen bien los síntomas: entre otros, aparece dolor (“pinchazos”, “homigueo”, “quemazón”) en una parte de la palma de la mano (del primer al cuarto dedo), así como debilidad en los músculos dependientes de este nervio (disfunción).

Neuropatía COMPRESIVA

Estos síntomas sensitivos (dolor) y motores (debilidad) se deben a que el nervio afectado está comprimido en algún punto de su recorrido. Podemos imaginarnos el nervio como un cable. Cuando el cable está comprimido, doblado o deteriorado, puede dejar de conducir la corriente. O conducirla de forma aberrante.

Con el tejido nervioso sucede algo parecido. A través del nervio se transmite, en una dirección, información sensitiva (nos aporta datos sobre la posición, temperatura, etc.). Y en la dirección opuesta, información motora (la que envía la orden desde el cerebro a la mano, por ejemplo, para que sostenga el móvil). Si este flujo se interrumpe por cualquier causa, comenzarán a aparecer síntomas: motores (por ejemplo debilidad) o sensitivos (percepción distinta a la real o dolor).

Neuropatía compresiva del pudendo

El nervio pudendo realiza un recorrido tortuoso desde su salida hasta que sus ramos alcanzan las diversas estructuras. Estructuras como la piel, la musculatura del suelo pélvico o la vejiga urinaria. No es difícil que a lo largo de este sinuoso recorrido sufra algún tipo de compresión o lesión.

Cuando esto sucede, aparecen en su área de inervación (la zona perineal y anal) los problemas anteriormente descritos. El más típico es el dolor, generalmente de características neuropáticas; es decir, dolor en forma de “pinchazos”, “corrientes”, etc. Este dolor típicamente empeora en la posición de sentado – sobre todo si es en una superficie dura (como el taburete que vemos en la fotografía). Pues el nervio se comprime más. Y se alivia al sentarse en el WC, donde el nervio no se encuentra «aplastado». El dolor puede acompañarse de otros síntomas como la incontinencia urinaria, problemas defecatorios o disfunción sexual. Síntomas, todos ellos, muy limitantes y con importante repercusión en la vida diaria de la persona que lo sufre.

En próximas entradas os explicaré detenidamente por qué se produce la neuropatía compresiva del pudendo, cuáles son sus síntomas y qué opciones de tratamiento existen.

¿Crees que sufres neuropatía compresiva del pudendo?

Fotografía: Rusland Bardash en Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Disfunciones sexuales, Dolor pélvico, Incontinencia urinaria

5 septiembre, 2017 by Dra.Morales

Yoga contra el estreñimiento

En una entrada reciente ya os hablé sobre los beneficios que el  yoga aporta al suelo pélvico. Os explicaba que uno de los principales motivos es que en las distintas posturas del yoga (asanas) cada movimiento está coordinado con la respiración. Lo que garantiza una correcta activación de la musculatura profunda (abdominal y suelo pélvico) en cada esfuerzo. Hoy quiero daros otro motivo más: practicar yoga contra el estreñimiento.

Yoga contra el estreñimiento

La semana pasada expliqué el efecto que el sedentarismo tiene sobre el ritmo intestinal. Y encontrábamos una razón más para hacer deporte. En realidad cualquier actividad física sería válida para mejorar el tránsito intestinal (si nos movemos nosotros, se mueve nuestro intestino). Pero me gustaría sugerir la práctica de yoga como disciplina que, por sus particularidades, puede contribuir de una forma más específica a aliviar el estreñimiento.

Las asanas ayudan al intestino

La práctica de las distintas asanas favorece el tránsito intestinal de varias formas:

  • Por un lado, las posturas de torsión y flexión de tronco actúan a modo de masaje, estimulando el paso de las heces desde los tramos iniciales del intestino grueso.
  • Al practicar determinadas asanas se consigue la angulación perfecta del tramo final del recto, lo que contribuye a la aparición del deseo de defecación y al adecuado vaciado intestinal.

Un ejemplo es Malasana, la postura que vemos en la imagen. También conocida como Upavesasana o postura de la Guirnalda. En ella se adopta una posición similar a las cuclillas: intentando apoyar los talones en el suelo, mientras se mantiene la espalda erguida separando los muslos con nuestros brazos (y las manos unidas). Esta sería, de hecho, la posición ideal de defecación (puedes leer más aqui).

  • Con la práctica regular de yoga se va corrigiendo la postura de forma progresiva. Esto contribuye a un mejor funcionamiento de las vísceras abdominales.
  • Por último, y sin entrar en detalle, se puede afirmar que el efecto emocional conseguido en yoga (habitualmente un estilo de vida más sosegado) contribuye también a encontrar la tranquilidad que tanto favorece a nuestro reloj intesinal.

Desde aquí vuelvo a animarte a que practiques yoga. Por ser una deporte que respeta el suelo pélvico. Por ser una ayuda para nuestro tránsito intestinal. Y por muchos más motivos que te gustará descubrir por ti mismo.

 Fotografía: stylecraze

Filed Under: Deporte y suelo pélvico, Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

29 agosto, 2017 by Dra.Morales

Vida sedentaria y estreñimiento

Un problema muy extendido en nuestra sociedad es el estreñimiento. En su aparición casi siempre intervienen diversas causas como la edad, el sedentarismo, la dieta, nuestro ritmo de vida acelerado, etc. Por lo que su solución pasará por intentar cambiar todos aquellos factores modificables. Es cierto que hay personas con predisposición genética, sobre la que no podemos influir. Pero sí se puede evitar el sedentarismo, hacer modificaciones en la dieta (¿has probado la granola casera?) o buscar momentos de calma en los que escuchemos nuestro reloj intestinal.

El estreñimiento es un problema con repercusión tanto a nivel físico como emocional. Y no siempre es necesario recurrir a la toma de laxantes para combatirlo. El primer paso es realizar pequeños cambios en nuestros hábitos de vida. Y en ocasiones esto es suficiente.

Sedentarismo

¿A qué llamamos sedentarismo? La palabra sedentario procede del latín (sedēre  ‘estar sentado’), y etimológicamente significa ‘que trabaja sentado’. En la actualidad somos muchos los que desempeñamos nuestra profesión permaneciendo sentados la mayor parte del tiempo: delante de un ordenador, conduciendo un vehículo o en la caja de un supermercado. También se considera sedentario cualquier trabajo en el que el individuo permanezca en la misma posición la mayor parte del tiempo, como por ejemplo dependiente en un comercio.

En sentido más amplio, se considera sedentario aquel estilo de vida carente de actividad física regular. Es decir, es sedentaria toda persona que no realiza deporte de forma habitual. Y no son pocos los casos en los que coexisten ambas situaciones: personas que permanecen estáticas durante su actividad laboral y que fuera de su jornada de trabajo no realizan ningún deporte. El abuso de la televisión y de dispositivos electrónicos (ordenadores, móviles y tablets) favorecen el sedentarismo.

Vida sedentaria y estreñimiento

Sabemos (de sobra) que la falta de actividad física en un factor de riesgo para sufrir obesidad y enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿existe alguna relación entre vida sedentaria y estreñimiento?

La actividad física previene el estreñimiento porque acelera el tránsito intestinal, haciendo que el alimento recorra el largo intestino (delgado y grueso) en el menor tiempo posible. Esto evita que el bolo de alimento se deshidrate. Y por tanto sea más fácil de eliminar. Cuando las heces son secas (y de consistencia más dura) tanto el tránsito intestinal como la evacuación resultan más difíciles.

El deporte también mueve el músculo liso

El ejercicio aeróbico acelera la respiración y el ritmo cardiaco, lo que estimula la contracción de la musculatura intestinal (estas contracciones del intestino se conocen como peristalsis). Cuando el peristaltismo es adecuado, la velocidad de paso de las heces es mayor, lo que contribuye a aumentar la frecuencia de defecación (por ejemplo, a diario, en lugar de cada 2 o 3 días) y a que se requiera menor esfuerzo para evacuar las heces. Probablemente también intervienen cambios hormonales y otros factores más complejos.

La simple actividad física que implica la vida cotidiana (tareas básicas como la ducha o el vestido, o el desplazamiento al puesto de trabajo) contribuye a mejorar el tránsito intestinal. Basta con fijarse en la dificultad para «hacer de vientre» en las personas encamadas o que deben mantener reposo por cualquier motivo.

Pero lo que de verdad contribuye a aumentar la frecuencia de defecación es realizar una actividad deportiva de forma regular. En principio, cualquier deporte puede ayudarnos. Caminar a buen ritmo a diario, al menos 45 minutos, puede ser suficiente. Y mejor aún, si es posible, practicar actividades aeróbicas más vigorosas como correr, nadar, hacer senderismo o bailar.

En mi próxima entrada os hablaré sobre una de las actividades más efectivas contra el estreñimiento.

Fotografías: Corinne Kutz and Jenniffer Birdie Shawker on Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

22 agosto, 2017 by Dra.Morales

Un taburete, ¿para qué?

Es innegable que la sociedad ha avanzado en (casi) todos los ámbitos a lo largo de la historia. Aunque debemos reconocer que en esta evolución también hemos perdido.

Hemos perdido cuando una conversación de Whastapp sustituye a un café. Perdemos cuando vivir en una gran ciudad nos va comiendo cada día por dentro. Y también salimos perdiendo cuando por higiene o comodidad ignoramos por qué nuestro cuerpo fue diseñado así.

Lejos de nuestra civilización, donde algunos hábitos perduran, el intestino sigue funcionando a su manera: allí la postura de defecación es en cuclillas, con las caderas flexionadas y las rodillas cerca del pecho. El intestino de los “civilizados” tiene esa suerte sólo de vez en cuando: en alguna salida al campo o en las “placas turcas” que sorprenden durante algunos viajes exóticos.

Inodoros

Sin entrar en detalle en la historia del inodoro, según recoge Wikipedia, nuestro sistema actual se remonta aproximadamente al siglo XVIII. La principal diferencia con los anteriores métodos fue que por primera vez contaba con un cierre hidráulico, que evitaba la salida de olores, y permitía la conexión con el alcantarillado. Lo que supuso un gran avance para la salud pública.

Los inodoros que usamos en la actualidad tienen habitualmente 40 centímetros de altura. Y lo normal es sentarnos en ellos para vaciar la vejiga y el intestino. Así, sentados, la parte final del intestino no queda posicionada correctamente. Puesto que la musculatura y ligamentos del suelo pélvico no se relajan por completo y provocan una angulación en el tramo final del intestino grueso, que dificulta el vaciado. Algo parecido a cuando una manguera está acodada y el flujo se encuentra obstruido.

Estreñimiento

Debido a esta dificultad para el paso de las heces, podemos considerar la inadecuada posición durante la defecación como un factor favorecedor del estreñimiento (además de otras causas que ya os conté aquí). Si existe un obstáculo para el tránsito fecal puede ocurrir que el vaciado sea incompleto o que sean necesarios pujos más intensos para evacuar.

Esto puede marcar el comienzo de un círculo vicioso que contribuya a la aparición de problemas proctológicos (de la zona recto-anal), como hemorroides o fisuras, y sus complicaciones.

El taburete

La buena noticia es que podemos imitar la posición fisiológica de defecación aun manteniendo nuestros inodoros. Es posible conseguirlo colocando un taburete bajo los pies. Basta un pequeño escalón de unos 20 cm que eleve nuestros pies y rodillas. El taburete hará que aumente la flexión de las caderas y se consiga la angulación adecuada del recto. Evitando cualquier obstrucción al paso de las heces.

Como no podía ser de otra forma, se pueden encontrar en el mercado taburetes diseñados específicamente para este fin. Con una forma que permite la adaptación a la base del váter y el apoyo de los pies sobre una superficie con su silueta. Es una buena opción para quien lo desee. Pero un pequeño taburete hará la misma función.

Fotografía: Sho Hatakeyama on Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

8 agosto, 2017 by Dra.Morales

Granola (casera) contra el estreñimiento

Como es bien sabido y ya os he explicado en entradas previas, una dieta adecuada es uno de los pilares fundamentales para prevenir el estreñimiento. Y hoy os quiero contar una receta (de fácil que es, ni la debería llamar receta) que os ayudará con este objetivo. Es un alimento delicioso y nutritivo que cada vez tiene más adeptos. Y lo mejor de todo es que lo podemos preparar en casa, a nuestro gusto y de forma muy sencilla. ¿Has probado la granola?

Beneficios de la granola

La granola es un alimento muy completo nutricionalmente: contiene una elevada cantidad de fibra, sin azúcar refinado, sus grasas son “de las buenas”, y aporta hierro, vitaminas y minerales, esenciales para el correcto funcionamiento del organismo.

Es por tanto una opción cardiosaludable, que contribuye a mantener bajos niveles de colesterol (por la composición de sus grasas) así como de azúcar en sangre. Provoca sensación de saciedad que ayudando a disminuir la ingesta de otros alimentos, por lo que evita el sobrepeso. Además, su alto contenido en fibra mejora el tránsito intestinal, por lo que previene el estreñimiento.  Y lo mejor de todo es que estos beneficios se pueden conseguir disfrutando: sus ingredientes resultan deliciosos para casi todo el mundo, y además se puede personalizar.

Para conseguir el máximo beneficio de la granola, lo ideal es prepararla en casa. De esta forma evitamos excesos de sal, azúcares o grasas. Se trata de una receta muy sencilla. Basta con que busques los ingredientes en cualquier supermercado, los mezcles en la proporciones que te indico y estés durante menos de una hora en casa para controlar su tueste en el horno.

Cómo preparar granola

Ingredientes

200 gr de avena en copos

100 gr de salvado de trigo

Frutos secos al gusto

Dos puñados de uvas pasas

Semillas de sésamo

Una pizca de sal

6 cucharadas de miel

8 cucharadas de aceite de oliva virgen

70 ml de agua

Canela o esencia de vainilla (una cucharadita).

* Los frutos secos que yo suelo poner son: almendras crudas enteras (las machaco un poquito), pipas de calabaza y pipas de girasol (un puñadito de cada).

Ve mezclando los ingredientes poco a poco, removiéndolos bien. Una vez tengas toda la mezcla, extiéndela en la bandeja del horno, a 150º, altura media. Debes remover (intentando que la parte que está más abajo quede colocada encima) cada 10-15 minutos para que se vayan secando y tostando todos los ingredientes de forma homogénea. El tiempo total es variable: dependerá del grosor de la mezcla y de cada horno. A mí me suele tardar aproximadamente 45 minutos.

Guárdala en uno o varios botes (herméticos). Y almacénala en un lugar seco. Ya tienes lista tu mezcla casera, fácil y rica. Que puedes tomar en el desayuno, en el almuerzo, en la merienda o de cena. Saludable y crujiente.

Haz tu granola aún más rica

Puedes acompañarla de lo que más te guste. Algo sencillo como leche o bebidas vegetales (avena, soja, almendra).  Un delicioso yogur, zumo, o una selección de tus frutas favoritas.

También puedes hacer las modificaciones que se te ocurran sobre la receta original. Hay quien le añade coco. Como frutos secos puedes poner avellanas, nueces, pistachos o cacahuetes. Y si no te gustan las uvas pasas, puedes sustituirlas por arándanos.

¡Que la disfrutes!

Y el bizcocho de avena y limón… ¿lo has probado ya?

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida, Miscelánea

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