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30 mayo, 2017 by Dra.Morales

¿Bolas chinas para mi suelo pélvico?

Si hablamos de bolas chinas (bolas de geisha o bolas Ben Wa) a casi todos nos viene a la mente la idea de un juguete sexual. Además de este uso, las bolas chinas (en determinadas ocasiones) son también un instrumento útil para fortalecer la musculatura del suelo pélvico. Ayudando así a evitar o mejorar problemas de incontinencia urinaria o prolapso de órganos pélvicos (vejiga caída). Pero antes de utilizarlas para tal fin, deben tenerse en cuenta ciertas consideraciones.

¿Bolas chinas para mí?

Antes de explicar cómo son las bolas chinas y su utilidad, me gustaría hacer un paralelismo que ayudará a entender  en qué casos están indicadas, y cómo deben ser utilizadas. Puesto que hemos dicho que ayudan a fortalecer el suelo pélvico, podemos compararlas con unas pesas.

Es probable que una persona con una buena preparación física no tenga dificultad para hacer varias series de un ejercicio de fortalecimiento de bíceps con pesas, por ejemplo.  Pero ese mismo ejercicio hecho por una persona desentrenada puede ocasionar fatiga muscular, dolor u otras lesiones. Deberíamos recomendar a esta persona realizar una preparación adecuada antes de lanzarse con las pesas. O tal vez bastaría con disminuir el peso de las mancuernas o el número de repeticiones. Y existirá también un grupo de personas en las que esté contraindicado trabajar con pesas, y que deberán realizar otro tipo de ejercicios.

Pasa algo parecido con las bolas chinas. Dependiendo del estado basal de cada suelo pélvico,  el uso de bolas chinas puede ser desde perjudicial hasta beneficioso. Igual que escogeríamos nuestra pesa ideal de entre todas las que aparecen en la imagen, la indicación de las bolas chinas también se debe individualizar.

Una esfera con una bola interior

Actualmente encontramos en el mercado gran variedad de bolas chinas. De distintos materiales, colores, pesos y tamaños. Como su nombre indica son unas esferas, que contienen otra más pequeña en su interior.

Las bolas chinas pueden ser una única esfera (con la bola interior), o dos unidas como vemos en la imagen.

Potenciación y propiocepción

Las bolas chinas hacen trabajar al suelo pélvico de dos maneras. Por un lado, al mantener un peso dentro de la vagina, los músculos sobre los que se apoyan deben activarse para evitar que la bola salga. Con esto se consigue un trabajo de potenciación.

Por otro lado, la bola interior se mueve a la vez que lo hace la persona, produciendo una especie de vibración. Esta vibración nos ayuda a mejorar la consciencia de nuestro suelo pélvico, y su control sobre el mismo (trabajo de propiocepción).

¿Quién debe usarlas?

Para determinar si una mujer se puede beneficiar o no del trabajo con bolas chinas es recomendable una valoración médica que incluya una exploración vaginal. En casos de debilidad muscular importante, no está indicado su uso porque es probable que la mujer no sea capaz de mantener la bola en su vagina. En casos opuestos de hipertonía (una “contractura” en la musculatura del suelo pélvico) tampoco las recomendaremos puesto que la potenciación empeoraría dicha hipertonía y podría provocar dolor pélvico a largo plazo.

La candidata ideal para el uso de bolas chinas es aquella mujer con un tono normal del suelo pélvico. Y con una fuerza capaz de vencer cierta resistencia cuando solicitamos una contracción durante la palpación vaginal.

5 recomendaciones

Finalizamos esta entrada con cinco recomendaciones para conseguir el máximo beneficio y evitar lesiones al usar bolas chinas:

  1. El uso de una o dos bolas dependerá del estado basal de tu suelo pélvico. Sobre todo del tono muscular y la amplitud de tu vagina. Debes seguir las indicaciones de tu médico y sentirte cómoda con el peso/volumen utilizado.
  2. Aunque las más modernas son fáciles de introducir por sus diseños ergonómicos, suele ayudar la aplicación de un gel lubricante (de base agua) para colocarlas.
  3. El trabajo se realiza de forma inconsciente sólo por mantenerlas dentro de la vagina. No es necesario ni recomendable que realices contracciones activas de tu suelo pélvico.
  4. Debes usarlas estando de pie o en movimiento. Tumbada o sentada no se consigu una activación muscular óptima.
  5. El tiempo de uso debe ser progresivo. Inicialmente 5-10 minutos son suficientes, y se aumentará este tiempo de forma paulatina, según la tolerancia. Periodos prolongados pueden provocar fatiga muscular, y dolor pélvico.

¿Tú has usado bolas chinas? Puedes contarnos tu experiencia.

Filed Under: Dolor pélvico, Ejercicios de suelo pélvico, Incontinencia urinaria, Suelo pélvico

23 mayo, 2017 by Dra.Morales

Estreñimiento y suelo pélvico

El estreñimiento es un síntoma que, aunque no suele ser grave, puede ser muy molesto.  Tanto, que hasta puede llegar a interferir en el estado de ánimo de la persona que lo sufre. Incluso en la publicidad hacen referencia a la agradable sensación que nos deja tener un hábito intestinal regular. Y al mal humor que provoca la situación opuesta.

Hablamos de estreñimiento cuando se hace deposición menos de tres veces a la semana. O cuando hacerlo supone un gran esfuerzo. En la entrada de hoy veremos sus principales causas, y qué consecuencias puede tener el estreñimiento sobre el suelo pélvico. Daré también algunas claves para mejorar el ritmo intestinal y evitar dichos problemas.

¿Por qué sufro estreñimiento?

Existe gran variabilidad en cuanto al ritmo intestinal, el de cada persona es diferente. En ocasiones no identificamos causas claras del estreñimiento, y éste puede estar relacionado simplemente con una predisposición individual. Pero en casi todos los casos existen factores desencadenantes o agravantes sobre los que sí podemos intervenir.

Numerosos fármacos, por distintos mecanismos, pueden provocar una disminución del número de deposiciones o dificultad para evacuar. Las dietas pobres en fibra, con escasez de frutas y verduras también favorecen el estreñimiento. Igual que el sedentarismo.

En algunos casos el problema radica en ignorar el deseo inicial de hacer deposición, por no ser el momento o lugar adecuados, y la posponemos. De forma que cuando el momento o lugar son los idóneos, han desaparecido las ganas.

Otras  veces, aunque el  ritmo intestinal sea bueno, la evacuación resulta más difícil debido a una posición inadecuada en el váter.  O a la falta de relajación de la musculatura del suelo pélvico en ese momento.

En raras ocasiones el estreñimiento se asocia con enfermedades orgánicas o neurológicas. Éstas pueden provocar un obstáculo real para el paso de las heces, o un funcionamiento alterado del intestino. En esos casos, es necesaria la valoración por el especialista correspondiente, y no son aplicables estas recomendaciones.

Consecuencias del estreñimiento

Cuando una persona comienza con problemas de estreñimiento, es habitual entrar en un círculo vicioso del que a veces cuesta salir. A medida que pasan los días sin hacer deposición, las heces se van deshidratando (van perdiendo líquido) y se hacen más duras.

Cuando llega el momento de evacuar, es difícil expulsar estas heces, por lo que la persona habitualmente necesita pujar para que estas salgan. Si estos pujos son excesivos o se hacen de forma incorrecta, pueden comenzar los problemas en el suelo pélvico, por debilitamiento de los tejidos que soportan presiones excesivas.

Este exceso de presión y debilitamiento de los tejidos de sostén,  puede favorecer la aparición de incontinencia urinaria o prolapsos de órganos pélvicos. Y si la afectación predominante es en la parte posterior, podrán aparecer hemorroides y fisuras anales.

En el caso de las lesiones en el esfínter anal (hemorroides, fisuras), el círculo vicioso del estreñimiento puede agravarse aún más porque durante la defecación estas lesiones pueden sangrar o empeorar el dolor. Por lo que la persona podría, de forma más o menos consciente, demorar el momento de defecar para evitar ese dolor. En este contexto de dolor es además muy difícil conseguir la relajación del suelo pélvico necesaria para que permitir el paso de las heces.

Yo ya como mucha fibra, aún así….

Todo el mundo sabe que una dieta rica en fibra nos ayuda a tener un hábito intestinal regular. Frutas como las que vemos en la primera imagen, y sobre todo tomadas en ayunas, suelen funcionar casi siempre.  Hay multitud de alimentos que pueden ayudarnos a regular  nuestro ritmo intestinal de forma  natural (alimentos ricos como la granola). Pero tan importante como consumir éstos, es evitar los alimentos astringentes (los que dificultan la deposición).  Y para que las heces tengan la consistencia adecuada, es importante beber una cantidad suficiente de agua al día (en torno a dos litros para personas sanas).

En ocasiones debemos recurrir a la toma de fármacos, generalmente durante un periodo limitado de tiempo, hasta conseguir una regularidad que sea posible mantener. También se deben revisar los fármacos tomados para otros procesos, porque  el estreñimiento puede ser un efecto secundario. En esos casos, deberá valorarse sustituir dicho medicamento o prescribir fármacos que favorezcan la evacuación.

También ayuda a la regularidad cómo y cuándo se realiza la deposición. El intestino es capaz de funcionar como un reloj si lo educamos para ello. Si encuentras un momento fijo del día en que poder sentarte sin prisas en el váter, tu intestino se acostumbrará y probablemente mantendrá dicha rutina. Es recomendable hacerlo después de alguna de las comidas. La posición durante la defecación, sobre todo cuando ésta es difícil, es muy importante para permitir el paso óptimo de las heces. Es recomendable colocar un taburete pequeño debajo los pies, de forma que las rodillas queden por encima de las caderas.

En próximas entradas veremos con detalle cómo seguir todas estas recomendaciones.

Filed Under: Disfunción defecatoria, Suelo pélvico

16 mayo, 2017 by Dra.Morales

Ejercicios en el embarazo

 

¿Una embarazada puede hacer abdominales? ¿Debe hacer deporte? ¿Se deben hacer determinados ejercicios en el embarazo?

Igual que no podemos generalizar la indicación de los ejercicios de Kegel en las embarazadas, también debe individualizarse el consejo sobre la actividad deportiva. No  daremos las mismas recomendaciones a una mujer que practicaba deporte regularmente, que a aquella que antes del embarazo llevaba una vida sedentaria.

¿Debo hacer ejercicios en el embarazo?

Sí. Excepto en los casos en los que exista contraindicación médica. El resto de embarazadas debe realizar de forma regular una actividad física aeróbica (como caminar o nadar) por los múltiples beneficios que aporta: ayuda a controlar el peso y los parámetros cardiovasculares, mejora la forma física, contribue a mantener el bienestar fetal, y aporta beneficios en la esfera psicológica. Esta actividad debe ser acorde a la capacidad física y estado de salud de la embarazada.

Además de este deporte, es recomendable realizar un programa de ejercicios específicos. Si es posible, indicados y supervisados por un especialista. Los objetivos de este programa de ejercicios son ayudar al cuerpo a adaptarse a los progresivos cambios que tienen lugar durante el embarazo, mejorar la postura, aliviar los posibles cuadros dolorosos y preparar al cuerpo para el parto. ¿Cómo podemos hacerlo?

Programa de ejercicios en el embarazo

Durante los 9 meses de embarazo se producen innumerables cambios en el cuerpo de la mujer, necesarios para el adecuado desarrollo del bebé. Entre estos cambios están el aumento de flexibilidad en músculos y articulaciones, el acortamiento muscular en determinadas zonas y el consecuente debilitamiento. Estas modificaciones se relacionan con alteraciones posturales (“orgullo de la embarazada”) y dolores o lesiones  osteomusculares (lumbagos, ciáticas, esguinces). Para minimizar estas consecuencias, es recomendable realizar unos estiramientos y ejercicios de potenciación específicos.

Uno de los músculos que más se distiende durante el embarazo es el transverso abdominal. El que rodea el abdomen a modo de “faja”, y que por tanto va elongándose a medida que el útero crece. Cuando un músculo se distiende, generalmente se debilita. Y es precisamente este músculo el encargado de empujar al bebé a través el canal del parto. Por lo que lo necesitamos fuerte. Para ello, es aconsejable realizar a diario distintos ejercicios dirigidos a potenciar el transverso abdominal. Estos abdominales sí se DEBEN hacer. Los abdominales clásicos están contraindicados.

Todo esto se debe acompañar de ejercicios respiratorios, técnicas de relajación y reeducación postural. En cuanto a los ejercicios de Kegel, puedes leer aquí mis recomendaciones.

Actividades cotidianas

Por último, un aspecto muy importante son las actividades de la vida diaria. Aquellas que realizamos de forma rutinaria. Hay muchos gestos (sobre todo esfuerzos) que pueden ser perjudiciales si no se realizan de la forma correcta. Y más aún durante el embarazo. Como por ejemplo cargar pesos, estornudar, hacer deposición… Un programa de reeducación durante estos meses no debe consistir en aprender unos ejercicios como fin último. Lo verdaderamente importante es trasladar ese aprendizaje al día a día. Conseguir una reeducación funcional. Es decir, que aprender cómo hacer determinados ejercicios se traduzca en automatizar la forma adecuada de hacer todos los gestos cotidianos.

Filed Under: Embarazo, parto y postparto

9 mayo, 2017 by Dra.Morales

Ejercicios hipopresivos

Los hipopresivos se han puesto de moda en los últimos años por sus múltiples beneficios, en los ámbitos de la salud, el deporte y la estética. También se conocen como gimnasia abdominal hipopresiva o Low Pressure Fitnnes®.

¿Por qué “hipopresivos”?

Se aplica el término “hipopresivos” a estos ejercicios en contraposición a los abdominales clásicos, que son hiperpresivos. Los abdominales «de toda la vida» son los que se hacen elevando el tronco del suelo aproximándolo a las piernas, o a la inversa, flexionando las caderas hacia el tronco. Abajo en la imagen, se puede ver una combinación de ambos. Al realizar cualquier ejercicio que implique estos gestos, se produce un aumento de presión en la cavidad abdómino-pélvica. Éste es el motivo por el que se consideran ejercicios “hiperpresivos”.

Los abdominales clásicos, tan habituales en casi cualquier entrenamiento, pueden provocar problemas de columna (dolores cervicales o lumbares), lesiones en el suelo pélvico (con riesgo de incontinencia o prolapso) así como deterioro de la cincha abdominal (diástasis de rectos).

Los hipopresivos permiten fortalecer la pared abdominal sin provocar este aumento de presión tan perjudicial. No es fácil explicar cómo se hacen, pues es una técnica compleja, que iremos detallando en próximas entradas. En el post de hoy únicamente quiero explicar la base de estos ejercicios. Y por qué constituyen uno de los pilares de la reeducación del suelo pélvico.

Hipopresivos y core

Lo que caracteriza a un hipopresivo es la inspiración en apnea (o coger aire con la glotis cerrada) que se hace tras una espiración prolongada. Cuando se realiza de forma correcta, este gesto activa de forma voluntaria o refleja, toda la musculatura del core (los músculos profundos abdominales y lumbares, y del suelo pélvico).

Un core correctamente tonificado ayuda a que se resuelvan o mejoren un elevado porcentaje de los problemas de suelo pélvico. Como la incontinencia urinaria, la incontinencia fecal o los prolapsos. La gimnasia abdominal hipopresiva contribuye además a mejorar la estática pélvica y el control postural.

Por estos motivos, salvo contraindicación, en casi todos mis programas de rehabilitación de suelo pélvico incluyo el aprendizaje de la gimnasia abdominal hipopresiva. Estos ejercicios, por su complejidad, deben aprenderse de forma individual. Y posteriormente podrán continuarse en sesiones grupales supervisadas, o como ejercicios domiciliarios.

Filed Under: Deporte y suelo pélvico, Ejercicios de suelo pélvico, Suelo pélvico

2 mayo, 2017 by Dra.Morales

Hemorroides: qué son

Las hemorroides (o almorranas) habitualmente no constituyen un problema grave de salud, pero es una patología que ocasiona importante malestar a quienes las sufren. En esta nueva entrada explicaremos qué son las hemorroides, por qué aparecen y qué síntomas producen.

Hemorroides, qué son

¿Qué son las hemorroides?

Las venas que recogen la sangre del recto se denominan venas hemorroidales. Estos sistemas  venosos se comunican entre sí formando plexos alrededor del canal anal, y son los encargados del drenaje venoso local (recogen la sangre “utilizada” para devolverla al corazón). Clásicamente se ha creído que las hemorroides son varicosidades (dilataciones) de estas venas. Pero no es así.

En el canal anal existen una especie de “almohadillas” (cojincillos anales) formadas por vénulas y arteriolas (vasos sanguíneos pequeños) recubiertos por tejido subcutáneo y muscular. Estas almohadillas, junto con el esfínter, contribuyen a mantener el cierre del canal anal. Cuando estos cojines sobresalen más de lo normal, y producen síntomas, podemos hablar de verdaderas hemorroides.

¿Por qué aparecen las hemorroides?

En la mayoría de los casos las hemorroides aparecen cuando coexisten distintos factores predisponentes. Es decir, habitualmente no encontramos una única causa que las provoque de forma brusca, sino que se superponen varios motivos. Todos ellos tienen en común un exceso de presión sobre el canal anal. Ya sea por la realización de sobreesfuerzos, como consecuencia del estreñimiento, durante el embarazo o por un parto difícil. Este exceso de presión hace que sobresalgan las estructuras vasculares descritas.

Uno de los principales mecanismos que contribuye a la aparición de las hemorroides, por lo cotidiano que resulta,  es  no hacer deposición de forma correcta. Hacer cada día de nuestra vida un esfuerzo inadecuado o desmesurado provocará daños en el suelo pélvico. Contribuyendo a la aparición de las hemorroides.

Los hábitos perjudiciales más frecuentes durante la defecación son:

– Realizar el pujo (empujar) en apnea, sin respirar. Bloquear la respiración al hacer un esfuerzo hace que una presión mucho mayor de la necesaria se dirija hacia el suelo pélvico. Y los tejidos, que no están preparados para soportar esa tensión excesiva, se pueden ir debilitando de forma progresiva.

– Cuando la postura en el inodoro no es la correcta, la angulación del canal anal no es la adecuada para expulsar las heces. Por lo que será necesario realizar un esfuerzo mayor para que el pujo sea eficaz.

– Una relajación inadecuada del esfínter anal y del suelo pélvico impiden un correcto vaciado del intestino. En ocasiones esto es debido a un exceso de tono en la musculatura del suelo pélvico (por estrés, dolor…). O a que nuestras prisas nos impiden conseguir esta relajación.

Si a lo anterior se añade un problema de estreñimiento, aumentará la probabilidad de aparición de hemorroides. Pues la consistencia de las heces aumenta y se requieren mayores esfuerzos para expulsarlas.

Hemorroides en el embarazo

El aumento de peso y el cambio en la estática postural que se producen en el embarazo hacen que la presión sobre el canal anal esté aumentada de manera sostenida, durante casi 9 meses. Además, no es infrecuente que durante este periodo aparezca estreñimiento (o se agrave si ya existía previamente): pues el ritmo intestinal se enlentece, y los cambios en la dieta pueden alterar la regularidad (los suplementos de hierro, por ejemplo, suelen empeorar el estreñimiento).

Y si además durante el parto se realizan pujos no coordinados con la respiración o éste es muy prolongado o complicado, el riesgo de aparición de hemorroides aumenta.

Algunas profesiones también pueden favorecer su aparición: puestos en los que se debe permanecer muchas horas de pie (cirujanos, peluqueros) o los que requieren grandes esfuerzos (reponedores, trabajadores de la construcción). Los puestos sedentarios también predisponen a su aparición.

Cualquier otra lesión que afecte a los tejidos locales, como un antecedente de cirugía rectal o un traumatismo, puede contribuir a que aparezcan. También las actividades de ocio o deportivas que impliquen grandes esfuerzos o impactos repetidos.

Y en cualquiera de los casos descritos, puede añadirse además un factor hereditario que predisponga a su aparición.

¿Qué síntomas producen?

Las manifestaciones clínicas son distintas si las hemorroides son internas o externas. También varían si se trata de hemorroides crónicas o si son complicaciones agudas de la patología hemorroidal. En general, los principales síntomas son:

El sangrado rectal es la manifestación más habitual. Generalmente una cantidad escasa de sangre roja, fresca, que aparece al limpiarse tras la defecación, o en las heces. El segundo síntoma más frecuente es el prolapso hemorroidal, que progresará mientras no se corrijan las causas que las provocaron. También pueden producir molestias (habitualmente no un dolor intenso) y picor. En ocasiones, además, se acompañan de secreción mucosa.

¿Sufres o has sufrido hemorroides?

¿Sabías que en ocasiones se asocian a fisuras anales?

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

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