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4 julio, 2017 by Dra.Morales

Diástasis de rectos abdominales

Seguramente tras dar a luz hayas notado que tu abdomen tiene un aspecto diferente al que tenía antes de quedarte embarazada. Los dos cambios que con más frecuencia se suelen notar son: que no desaparece la tripa (que antes NO tenías) a pesar de haber recuperado tu peso habitual; o que la línea media de tu abdomen tiene una zona “hundida” que antes TAMPOCO existía. En el primer caso, la dificultad para perder barriga tras el embarazo suele deberse a la debilidad del músculo transverso abdominal (puedes leer más aquí). El segundo problema se denomina diástasis de rectos abdominales. Es el que voy a explicar en el post de hoy. Ambos procesos pueden (suelen) coexistir, pues las causas que los provocan, en ocasiones se superponen.

¿Qué es la diástasis de rectos abdominales?

Diástasis significa separación. La diástasis de rectos abdominales (diastasis recti) hace referencia al ensanchamiento del espacio entre los dos vientres que forman el músculo recto del abdomen. En el individuo sano, estos dos vientres musculares están unidos, formando un único músculo. Pero en ocasiones, por distintos motivos, esta unión se debilita. Hablamos entonces de diástasis de rectos abdominales.

Recto del abdomen (o recto abdominal)

El músculo recto abdominal (que vemos marcado en rojo en la imagen de la derecha) es el músculo más superficial del abdomen. Es largo y plano, se extiende verticalmente desde la parte baja del esternón y las costillas quinta, sexta y séptima, hasta el pubis. Este músculo se encuentra dividido por la mitad por una estructura tendinosa conocida como «línea alba».  Y es atravesado en dirección horizontal por otras tres estructuras tendinosas. Éste es el motivo por el que cuando los rectos abdominales están suficientemente tonificados, y hay poco tejido graso por encima, recuerdan a una tableta de chocolate.

El recto abdominal se encarga de realizar la flexión de la columna vertebral, es decir, acerca el tórax a la pelvis. También interviene  en el gesto de inclinación hacia uno u otro lado (cuando se contrae sólo una de sus mitades). Ademas contribuye a mantener las vísceras abdominales y pélvicas en su posición.

Cuando la «línea alba» que debe unir ambos vientres musculares se debilita o adelgaza aparece la diástasis abdominal. El diagnóstico  de esta debilidad puede ser visual, si la separación se pone en evidencia en determinados gestos; manual, si durante la exploración palpamos una separación excesiva o la mano del explorador se hunde demasiado; o mediante pruebas de imagen (ecografía, tomografía computarizada).

¿Por qué se produce la diástasis de rectos?

Todas aquellas situaciones que provoquen un aumento mantenido o reiterado de la presión abdominal pueden provocar la separación de los rectos. La que con más frecuencia se asocia a la diástasis es, sin duda, el embarazo (en  torno a dos tercios de las gestantes la padecen). La distensión abdominal que provoca el crecimiento del útero, hace que estos músculos deban soportar una tensión excesiva. Por lo que el tejido que une los dos vientres musculares se elonga en exceso (llegando incluso a romperse en algunos casos). La probabilidad de que aparezca diástasis durante el embarazo aumenta entre las mujeres que han tenido más de un embarazo y en mayores de 35 años. También se producen más casos de diástasis en los embarazos con bebés de peso elevado, y los gemelares o de trillizos.

De forma análoga al embarazo, una persona con obesidad de predominio abdominal tendrá más riesgo de desarrollar este problema.

Deportes de riesgo

También encontramos esta separación en deportistas que practican actividades físicas lesivas para el suelo pélvico y la pared abdominal sin tener un control adecuado de la musculatura profunda (core). Como por ejemplo realizar abdominales clásicos, levantamiento de pesas, o practicar de forma reiterada saltos o carrera.

Otra situación que favorece la diástasis de rectos abdominales es la mala gestión de las presiones al realizar los esfuerzos.  Pensemos en un gesto sencillo como la tos. Si al toser nuestro abdomen se abomba, significa que está recibiendo un exceso de presión. Cuando sucede de forma reiterada,  esto contribuye a la distensión y separación progresiva de los rectos abdominales. Si a esto le sumamos la realización incorrecta de otros esfuerzos del día a día, aumentan las probabilidades de progesión.

 ¿Crees que tú puedes tener diástasis? ¿Te identificas en algún grupo de riesgo? En próximas entradas os daré las claves para la prevencion de la diástasis. También explicaré cómo saber si la tienes, y cómo debes tratarla en ese caso.

Fotografías: www.golfloopy.com / www.flicker.com

Filed Under: Deporte y suelo pélvico, Embarazo, parto y postparto, Hábitos de vida, Pared abdominal

27 junio, 2017 by Dra.Morales

Aliviar el estreñimiento: 10 claves

En una entrada anterior os expliqué cuándo consideramos que una persona sufre estreñimiento (o constipación) y qué causas pueden provocarlo (si quieres  leerla, haz click aquí). Hoy os quiero contar cómo aliviar el estreñimiento: cuáles son las claves para tener un ritmo intestinal regular y que la defecación no requiera un esfuerzo importante.

Aliviar el estreñimiento

Salvo en casos de estreñimiento pertinaz (el que no se soluciona a pesar de tomar las medidas adecuadas) o crónico, la mayor parte de los casos se resuelve de manera satisfactoria con cambios en el estilo de vida y en la dieta.  Puedes leer aquí estas sencillas recomendaciones que te ayudarán a aliviar el estreñimento, y que éste no afecte a tu calidad de vida.

1.- Bebe  una cantidad suficiente de líquido. Esto ayudará a que las heces se formen con el agua necesaria y evitará que sean demasiado duras. No se puede determinar la cantidad exacta de líquido adecuado para cada persona, porque depende de numerosos factores (actividad física, temperatura y humedad del ambiente, padecer alguna enfermedad…). En la mayor parte de la población sana está en torno a los 2 litros.

2.- Intenta ser regular en los horarios de defecación. El intestino adquiere un ritmo que si respetamos, ayuda mucho. Si no lo tienes, intenta buscarlo: después de las comidas se pone en marcha un reflejo que provoca ganas de evacuar. Procura sentarte en el váter después del desayuno o la comida para aprovechar este reflejo.

Además, es importante que cuando te entren ganas de hacer deposición, intentes hacerla  lo antes posible. El recto no tiene función de almacenamiento, por lo que se debe intentar que las heces permanezcan en la ampolla rectal el menor tiempo posible.

Dieta rica en fibra

3.- Aumenta la ingesta de fibra vegetal en tu dieta, consumiendo al menos 5 piezas de fruta o verdura al día. Busca entre tus favoritas las que tengan más contenido en fibra. Puedes añadir una cantidad extra comiendo cereales integrales, salvado, semillas de lino, etc. ¿Sabes cómo preparar granola casera?

4.- Evitar alimentos astringentes. Mientras estés estreñido, debes evitar frutas como el plátano o la manzana, lácteos, chocolates, exceso de grasas.

5.- Conociendo el comportamiento de nuestro cuerpo, podemos descubrir y mantener aquellos hábitos que favorecen nuestra motilidad intestinal. Como por ejemplo, beber en ayunas agua o zumos naturales, o tomar fruta también antes del desayuno.

6.- Si eres una persona sedentaria, debes intentar realizar de forma regular una actividad física que toleres y disfrutes.  Intenta caminar a diario entre 45-60 minutos seguidos o hacer algún deporte que te apetezca practicar.

¿Sabes cuál es la mejor postura en el váter?

7.- Postura adecuada de defecación. Sentarse en el váter en la forma para la que está pensado, dificulta la evacuación. La manera correcta es en cuclillas (o utilizando un taburete como te cuento aquí). Como lo haríamos en medio del campo. O como siguen haciendo en algunos países del mundo. Esta postura favorece la apertura del canal anal. Lo  más parecido que podemos hacer en nuestra casa, es colocar un taburete bajo nuestros pies, que nos ayudará a conseguir el ángulo idóneo en el canal anal para evacuar fácilmente.

8.- Estimulación rectal. En ocasiones las medidas que he mencionado no son lo suficientemente efectivas, y puede ser de utilidad estimular de forma suave el recto (la propia persona utilizando un dedo –con un guante). Buscando, de nuevo, el reflejo de la defecación, que activará el persitaltismo intestinal (el movimiento de los intestinos). Esta es una medida muy habitual en pacientes con estreñimiento neurógeno..

9.- Laxantes, enemas… Cuando modificar los hábitos y la dieta no resulta eficaz, en ocasiones debemos recurrir a fármacos. Existe gran variedad de principios activos, con distintos mecanismos de acción. Tu médico sabrá recomendarte el más indicado en tu caso.

10.- Fecaloma impactado: en raras ocasiones se acumula gran cantidad de heces en la parte final del intestino grueso. Que con el paso de las horas y los días va perdiendo líquido. Haciéndose cada vez más duras y difíciles de eliminar. En estos casos en los que el paciente ha estado varios días sin defecar, puede ser necesario desimpactar ese fecaloma (mediante un tacto rectal).

Si necesitas aliviar el estreñimiento,  no olvides estas recomendaciones.

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

20 junio, 2017 by Dra.Morales

Cómo hacer el masaje perineal

En el post anterior os expliqué los beneficios del masaje perineal durante el embarazo y en qué casos está indicado. En la entrada de hoy, os voy a contar cuándo y cómo hacer el masaje perineal.

Se recomienda comenzar en la semana 34. Y a partir de ese momento, realizarlo a diario hasta el día del parto. Además de flexibilizar los tejidos, el masaje perineal permite sentir algo parecido a la presión que realizará la cabeza del bebé durante el parto. Lo que hará que la embarazada se familiarice con esta sensación, que puede ser molesta cuando se percibe por primera vez.

Cómo hacer el masaje perineal

Debe comenzar en la zona superficial y de forma suave. E ir avanzando progresivamente hacia zonas más profundas (llegando a introducir al final dos falanges, unos 4 cm aproximadamente). Se debe ir aumentando la presión según la tolerancia de la embarazada, sin que llegue a provocar dolor.

Debemos visualizar la vulva como una «U», en la que la parte de abajo está situada cerca del ano. Los gestos más importantes durante el masaje son:

  • Empezar por la horquilla vulvar (la parte baja de nuestra U imaginaria). Se puede hacer con el dedo pulgar, primero moviéndolo hacia los lados (unas 20 veces). Después presionar hacia la región anal, y mantener unos 30-60 segundos. Por último, tira con los dedos hacia afuera, imitando la presión que hará el bebé cuando comience a coronar (cuando la cabeza empieza a asomar).
  • Después se deben recorrer las patas de nuestra U, haciendo los mismos movimientos, de arriba abajo. A continuación, hacer presión hacia el lateral. Por último, se debe traccionar hacia afuera. Manteniendo esta tensión entre 30-60 segundos según la tolerancia. Y repetir en el lado opuesto.

El masaje resultará más fácil si se realiza con un aceite o lubricante, para minimizar la fricción entre los tejidos. Se puede usar cualquier producto compatible con el embarazo, como el aceite de almendras.

Se debe hacer siempre con las manos limpias, pues es muy importante evitar infecciones en cualquier momento del embarazo. Y para no causar heridas en la zona se debe vigilar el estado de las uñas, siempre mejor si están cortas. Además, se evitará masajear la zona de la uretra (la parte más anterior), pues esto podría provocar infecciones de orina.

Tú, tu pareja, o quien tú elijas

El masaje lo puede hacer la propia embarazada, buscando posturas en las que alcance la zona, como por ejemplo sentada en el bidé o en posición de cuclillas. Aunque es cierto que en una fase tan avanzada de la gestación, la mayoría de las mujeres tienen dificultades para hacerlo  bien ellas mismas. Si tienes la posibilidad de que lo haga tu pareja o alguien con quien puedas estar relajada, resultará más sencillo y cómodo.

Túmbate boca arriba (puedes poner un cojín bajo la región lumbar y otro debajo de las rodillas) o sobre el lado izquierdo, y concéntrate en relajar la zona. Esto a veces resulta difícil porque el masaje puede ser molesto. Pero es importante conseguir esta relajación, porque de lo contrario el resultado podría ser el opuesto, aumentando la tensión local.

Ahora ya sabes cómo hacer el masaje perineal. Si lo realizas con regularidad y aprendes a relajar la musculatura del suelo pélvico, ayudarás a que tu bebé atraviese con más facilidad el canal del parto.

Y terminamos el post de hoy con música. Si eres madre o vas a serlo pronto, seguro que te emociona: Respiras y Yo, de Kesia.

Fotografía: Tim David Hüning Photography (flickr.com)

Filed Under: Embarazo, parto y postparto, Suelo pélvico

13 junio, 2017 by Dra.Morales

Masaje perineal durante el embarazo

Desde hace unos años se recomienda el masaje perineal durante el embarazo. Con el objetivo de evitar traumas perineales y sus secuelas asociadas. En esta entrada os voy a contar si es una práctica necesaria o recomendable, y si de verdad evita el daño en el suelo pélvico.

Ya expliqué que mi objetivo principal cuando trato a embarazadas es que el día del parto tengan un suelo pélvico flexible. Al nacer, el bebé debe atravesar el canal del parto y la musculatura del periné. Si durante la gestación la embarazada aprende a relajar el suelo pélvico, y al final de la misma realiza un estiramiento progresivo de la musculatura (esto es el masaje perineal), lo razonable sería pensar que la salida del bebé será más fácil, y menos probable el daño de los tejidos.

Qué es el masaje perineal

El suelo pélvico está formado por ligamentos y músculos con sus fascias (además de otras estructuras) dispuestos de forma que puedan realizar sus funciones. Entre otras, sostener el contenido de la pelvis, incluso durante el embarazo. Algunas fibras se disponen en forma de herradura, desde el pubis hasta el sacro. Y otras, transversales a las anteriores. Se entrecruzan, formando una especie de hamaca, muy resistente. Durante el parto, el bebé deberá atravesar esta hamaca. Y si las fibras musculares están muy tensas será más difícil su relajación durante el periodo expulsivo.

El objetivo del masaje perineal es flexibilizar o “dar de sí” esas fibras musculares. Se cree que de esta forma se pueden minimizar los desgarros, evitar episiotomías y disminuir la probabilidad de un parto instrumentado (uso de fórceps, ventosas…). Lo que a largo plazo implicaría menos problemas en el suelo pélvico, como incontinencia, prolapsos o disfunciones sexuales.

Beneficios del masaje perineal

Los que acabo de mencionar son los efectos esperables (aparentemente lógicos) tras la flexibilización de la musculatura. Pero los estudios publicados hasta la fecha, sólo han puesto de manifiesto los siguientes beneficios:

  • Cuando se trata del primer parto vaginal, el masaje perineal sí puede disminuir la magnitud del desgarro o la necesidad de episiotomía,
  • Las mujeres que realizaron masaje tienen menos dolor perineal durante el postparto que las que no lo hicieron.

No se ha demostrado que disminuya la incidencia de incontinencia, prolapsos o disfunciones sexuales. Tampoco la necesidad de instrumentación durante el parto. Esto no significa que estos beneficios no existan. Únicamente que hasta la fecha, no se ha podido demostrar en los estudios realizados.

¿Masaje perineal sí o no?

Teniendo en cuenta la evidencia científica disponible por el momento, mi recomendación respecto al masaje perineal es la siguiente:

Dado que es una práctica sencilla y con pocos riesgos, aquellas mujeres primíparas (primer embarazo) o que no hayan tenido partos vaginales previos, sí deberían realizar el masaje perineal, si tienen disponibilidad para hacerlo.

Pero lo que más puede ayudar una tener una “hora corta” y con el menor daño posible del suelo pélvico, será saber coordinar unos pujos adecuados con la relajación del suelo pélvico, cuando nuestro cuerpo no los pida (Escucha a tu cuerpo).

La próxima semana os explicaré cómo y cuándo debéis realizar el masaje perineal aquellas mujeres que deseéis hacerlo.

Filed Under: Embarazo, parto y postparto, Suelo pélvico

6 junio, 2017 by Dra.Morales

Core y suelo pélvico

En entradas anteriores os he hablado del core y de su importancia durante todo el proceso de reeducación del suelo pélvico. Hoy quiero explicaros qué es, por qué está tan estrechamente relacionado con la salud pélvica, y qué podemos hacer para tonificarlo.

¿Qué es el core?

Core (del inglés núcleo o centro), hace referencia a toda la musculatura profunda de la cavidad abdominal. Actúa como un verdadero núcleo, encargándose de funciones básicas de estabilización y transmisión de fuerzas. Engloba varios músculos diferentes, pero que funcionan (o deberían) al unísono. Éstos son:

  • El transverso abdominal. Que se dirige desde las zona lumbar de un lado, hacia el lado contrario. Rodeando el abdomen a modo de faja.
  • Los multífidos, pequeños músculos situados en la columna, que contribuyen a su estabilización.
  • El suelo pélvico constituye la base de esta estructura.
  • El diafragma torácico separa la cavidad torácica de la abdominal. Dispuesto en forma de dos cúpulas, es el principal músculo de la respiración.

De forma muy simplificada, al realizar un esfuerzo (por ejemplo cargar un peso) la coordinación debería ser la siguiente: los tres primeros grupos musculares (transverso, multífidos, suelo pélvico) deben contraerse. Mientras que el diafragma torácico debe relajarse. A la vez, la pelvis se debe mover de manera que favorezca la adecuada coordinación de estos músculos. De esta forma se consigue una distribución adecuada las presiones abdominales. Conseguir esta coordinación suele ser el primer objetivo de un programa de reeducación perineal.

Relación con suelo pélvico

Como hemos visto en posts anteriores, el suelo pélvico actúa como sostén de las vísceras pélvicas, asegura la continencia, interviene en la función sexual y forma parte del canal del parto. Para poder desempeñar estas funciones, es importante que sea lo suficientemente fuerte y flexible. Y que además, no reciba presiones excesivas durante los esfuerzos. Por eso es tan necesario el equilibrio de toda esta musculatura.

Si cualquiera de los componentes del core está débil o dañado, el funcionamiento de este complejo se verá comprometido pues fallará la coordinación. Por eso se debe realizar una valoración completa para planificar este trabajo de fortalecimiento. En general, el primer paso es identificar y aprender a activar cada músculo de forma aislada. Posteriormente se buscará su fortalecimiento, a la vez que se enseña a coordinar la contracción y relajación de estos músculos.

Ejercicios para fortalecer el core

Cada vez están más de moda, y se practican integrados en distintas disciplinas como en  yoga, GAP, pilates, o en gimnasia abdominal hipopresiva. En próximas entradas describiré algunos de estos ejercicios. Hoy sólo quiero dar unas claves para saber cómo deben realizarse de forma segura. Son recomendaciones generales, aplicables a casi todos los ejercicios.

Ejercicios seguros para fortalecer el core

Para que la potenciación del core sea adecuada, y los ejercicios no provoquen un daño en el suelo pélvico, debemos tener en cuenta tres recomendaciones:

  • Se debe buscar la máxima elongación posible durante la realización de los mismos. Es fácil realizar este gesto si piensas en intentar alejar los hombros de los pies o las orejas de los hombros, mientras lo haces.
  • Es importante mantener la respiración durante todo el tiempo, evitando apneas (o bloqueos en la respiración). Se deben realizar espiraciones (expulsar el aire) lentas y prolongadas durante la realización del esfuerzo.
  • Si es posible, se intentará realizar una contracción mantenida y moderada del suelo pélvico, coincidiendo con la exhalación. Después se relajará esta musculatura.

Te animo a que sigas realizando un trabajo regular de tu core, incluyendo estos consejos. Y si aún no has empezado, tienes aquí las claves para empezar a hacerlo de forma adecuada.

Filed Under: Deporte y suelo pélvico, Más allá de los Kegel, Pared abdominal, Suelo pélvico

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