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12 junio, 2018 by Dra.Morales

Prostatitis, ¿o no?

Hasta hace no muchos años casi cualquier varón con dolor pélvico era diagnosticado de prostatitis (inflamación de la próstata). “Infecciosa” en el caso de que se encontraran gérmenes en las pruebas realizadas. O “abacteriana” cuando no se hallaba rastro de bacterias en dichas pruebas. El objetivo del tratamiento de las prostatitis era aliviar dicha inflamación, con antibiótico en la mayoría de los casos.

Pero algunos de estos pacientes no mejoraban a pesar de dichos tratamientos. Y un porcentaje de ellos acababan sufriendo un cuadro de dolor pélvico a largo plazo, difícil de manejar por los distintos especialistas médicos.

Afortunadamente, a medida que aumenta el conocimiento del suelo pélvico, vamos descubriendo que muchas de estas “prostatitis” no lo eran realmente. Y que algunas de las que sí lo eran, se acompañaban también de un cuadro doloroso cuyo origen estaba fuera de la propia glándula.

La próstata

La próstata es una glándula que forma parte del aparato reproductor masculino. Por su aspecto y su tamaño podríamos decir que se asemeja a una castaña (o a una nuez). La glándula prostática se sitúa por debajo de la vejiga urinaria, rodeando a la uretra, y por delante del recto. Por este motivo, es posible palpar su tamaño y consistencia mediante el tacto rectal.

Su función es la de producir semen, junto con los testículos y las vesículas seminales.

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En la próstata tienen origen algunas de las enfermedades más prevalentes en el varón: benignas como la prostatitis y la hiperplasia benigna de próstata. O malignas, como el cáncer de próstata.

Prostatitis, ¿qué es?

Como he comentado anteriormente, se define prostatitis como la inflamación de la glándula prostática. Según la evolución de los síntomas, puede ser aguda o crónica. Y en función de la causa que la provoque, se puede clasificar en infecciosa o abacteriana. En el caso de las prostatitis infecciosas, pueden estar causadas por las mismas bacterias implicadas en las infecciones de orina. Pero también por los gérmenes causantes de las enfermedades de transimisión sexual como la clamidia o la gonorrea.

Se han identificado ciertos factores que facilitan la llegada de estos gérmenes hasta la próstata, favoreciendo la aparición de prostatitis. Éstos son: la presencia de una próstata grande (provoca una obstrucción al paso de la orina que favorece el reflujo), la existencia de lesiones en las zonas vecinas, la realización de técnicas invasivas (sondaje, cistoscopia, biopsia). Así mismo se ha visto más incidencia de prostatitis en las personas con fimosis.

Las prostatitis son cuadros relativamente frecuentes. Y lo habitual es que los especialistas las diagnostiquen de forma adecuada. Pero en aquellos casos en que tras recibir el tratamiento indicado persistan los síntomas, se debe sospechar que hay «algo más» o «algo diferente» a la prostatitis.

Si no consigues controlar tus síntomas o necesitas una valoración médica experta, puedes consultarnos aquí.

Entendemos tu dolor, y podemos ofrecerte un excelente tratamiento médico rehabilitador de suelo pélvico en Madrid.

Fotografía: Ricardo Gomez Angel en Unsplash

Filed Under: Dolor pélvico, Suelo pélvico en el varón

1 mayo, 2018 by Dra.Morales

Yo no soy muy de pastillas, doctor

Yo no soy muy de pastillas

– Doctora, es que yo no soy muy de pastillas.         

– Ya…, yo tampoco, pero…

Y me atrevería a decir que casi ningún médico y casi ningún paciente son muy de pastillas.

Es cierto que hay pacientes que abusan de determinados fármacos (habitualmente de analgésicos); y sufren las posibles/esperables complicaciones derivadas de este exceso (sangrado, daño renal, dependencia…). También es verdad que algunos médicos sobre-medican (o sobre-medicamos) a nuestros pacientes. En ocasiones por no dar las indicaciones adecuadas sobre la duración de los tratamientos; otras veces por no hacer una historia clínica adecuada y añadir fármacos similares a los que el paciente ya está tomando. O por otras causas…

Ninguna de estas situaciones es deseable. Y, afortunadamente, lo habitual es que los fármacos sean sólo una parte más del arsenal terapéutico del que disponemos los médicos, y que hagamos un uso racional de los mismos.

Analgésicos y suelo pélvico

En el ámbito del suelo pélvico, el tratamiento farmacológico se prescribe sobre todo en cuadros de dolor (crónico). En los que el uso de distintos tipos de analgésicos suele ser imprescindible. Voy a referirme en adelante al dolor pélvico pero lo que os explico podría ser extrapolable a otros tipos de dolor.

Yo no soy muy de pastillas

Como os he contado en posts previos, la mayoría de los cuadros de dolor pélvico tiene un origen multifactorial: influyen muchas causas en su aparición, aunque casi siempre se puede identificar una que pone de manifiesto la importante repercusión del dolor, la gota que colma el vaso.

Y puesto que hay múltiples factores que lo provocan, suele ser imprescindible hacer un abordaje multimodal de este dolor pélvico. Es frecuente que sea necesario realizar tratamiento manual, tomar fármacos analgésicos, aplicar electroterapia (TENS, US) o radiofrecuencia, administrar infiltraciones… No siempre se necesitan todas ellas, pero habitualmente sí se deben combinan varias. Y cada una tiene su función específica en el control del dolor.

Sensibilización

Además, cuando el dolor cronifica su abordaje se hace más difícil: puesto que el mecanismo que hace que este dolor se mantenga en el tiempo es más complejo. El término sensibilización hace referencia a la percepción de la sensación dolorosa en un área mayor o en un tiempo más prolongado del que cabría esperar por la causa inicial del dolor.

Para evitar llegar a esta sensibilización, o cuando ésta ya se ha producido, el uso de fármacos analgésicos suele ser imprescindible. Pero algunos pacientes se resisten a esta parte del tratamiento. Lo que puede dar lugar a una recuperación más lenta o insuficiente.

En ningún caso quiero transmitir el mensaje de que se deben tomar analgésicos para cualquier dolor y sin un control racional. Tampoco que los analgésicos son la única solución para todos los cuadros de dolor. Pero sí son una herramienta muy útil (en algunos casos imprescindible) en el control del dolor tanto agudo como crónico.

Yo tampoco soy muy de pastillas. Y trato de evitar su exceso en mis pacientes. Pero opino que los medicamentos tienen indicaciones claras. Y bien indicados, pueden aliviar los síntomas que motivan muchas de las consultas médicas y evitar complicaciones posteriores (sensibilización).

Fotografías: Ángel Caballero en Flickr y Rawpixel en Unsplash

Filed Under: Dolor pélvico

3 abril, 2018 by Dra.Morales

¿Botox y suelo pélvico?

Botox y suelo pélvico uso cosméticoLa toxina botulínica es un fármaco cuyo uso está cada vez más extendido en distintos ámbitos. Una de las marcas comerciales más conocida es el Botox®. Que la mayoría de las personas relaciona con el uso con fines cosméticos (para borrar las arrugas).

Pero su aplicación en el ámbito de la Medicina persigue objetivos bien distintos y variados: es una poderosa arma contra la espasticidad, permite tratar las secuelas de una parálisis facial o evitar el exceso de sudoración. Alivia cefaleas y contribuye al tratamiento de otros dolores. Pero ¿Botox y suelo pélvico? También.

¿Cómo actúa la toxina botulínica?

Botox y suelo pélvicoLa toxina botulínica es una neurotoxina producido por la bacteria Clostridium botulinum. Aunque en el post solo pretendo  contaros sus usos y beneficios, en realidad la toxina botulínica es uno de los venenos más potentes que existen, pues actúa provocando una parálisis muscular, que podría resultar letal.

Esta parálisis muscular, provocada  en una localización precisa y con la dosis adecuada, es la que permite conseguir el efecto terapéutico buscado. Si, por ejemplo,  inyectamos toxina botulínica en un músculo espástico (un músculo con un exceso de tono)  como el de la imagen inferior es posible disminuir dicho tono y relajar el músculo. Lo que puede contribuir a mejorar la función de la mano o, al menos, evitar complicaciones relacionadas con la postura anómala.

Botox y suelo pélvico espasticidad
Patrón de espasticidad del miembro superior en patologías neurológicas

Además de Allergan (Botox®), otros laboratorios comercializan toxina botulínica: Merz (Xeomin®) o Ipsen Pharma (Dysport®).

Botox y suelo pélvico

El uso de toxina botulínica para el suelo pélvico es relativamente reciente. Sus principal indicación es el dolor miofascial (o el síndrome miofascial del suelo pélvico). Y otros procesos dolorosos como la fisura anal.

En cualquiera de estas situaciones, el principal problema radica en que el exceso de tono de la musculatura del suelo pélvico  pone en marcha el círculo vicioso del dolor. Al doler más, aumenta la tensión en la musculatura, que intensifica el dolor y a su vez el tono muscular. En este proceso, además, pueden verse comprometidas las funciones de continencia urinaria o fecal y la  sexual.

Cuando administramos la toxina en el músculo afectado su tono disminuye, se relaja. Lo que en muchos casos significa dar el primer paso de la recuperación. Habitualmente la administración de toxina debe acompañarse de otros tratamientos o medidas. Por ejemplo, en el caso del dolor miofascial suele indicarse posteriormente tratamiento manual o automasajes  de la zona afectada; en otros casos como en la fisura anal, se deben seguir el resto de recomendaciones que ya os conté, para favorecer la curación completa de la fisura.

Es decir, la toxina suele ser una herramienta más (muy útil) en el abordaje de la mayoría de los procesos dolorosos del suelo pélvico.

¿Quién la administra?

La toxina botulínica sólo puede ser administrada por médicos con formación específica en esta materia.

Botox y suelo pélvico intramuscularEs una intervención que se suele realizar en la misma consulta médica (no es necesario hacerlo en el quirófano). La técnica consiste en localizar el músculo o músculos diana (los afectados) mediante palpación o con la ayuda de aparato de imagen (ecografía). Una vez localizado, se inyecta la solución de toxina botulínica (previamente diluida en suero fisiológico o anestésico local) en uno o varios puntos del vientre muscular. Todo el proceso, si se realiza por manos expertas, no suele durar más de 20-30 minutos.

¿Has recibido tratamiento con toxina botulínica en tu suelo pélvico? ¿Nos cuentas tu experiencia?

Fotografía: Helena Sir en Flickr

Filed Under: Dolor pélvico

27 marzo, 2018 by Dra.Morales

Tratamiento de la fisura anal

En el post anterior os contaba qué es una fisura anal y los factores que contribuyen a que aparezca. Hoy os quiero explicar cómo prevenir su aparición y cuál es el mejor abordaje una vez instaurada. Las medidas más importantes en el tratamiento de la fisura anal están directamente relacionadas con sus factores desencadenantes.

Tratamiento de la fisura anal
La fisura anal a veces provoca un círculo vicioso del que puede resultar difícil salir.

Tratamiento de la fisura anal

Para explicar las alternativas de tratamiento de la fisura anal podemos clasificarla en aguda y crónica. En general, podríamos decir que la fisura anal aguda se trata con medidas conservadoras (sin cirugía). Mientras que en la fisura anal crónica habitualmente se plantea la opción quirúrgica.

Se considera aguda una fisura anal cuando han transcurrido menos de 6-8 semanas desde su aparición. Más allá de este período, podemos hablar de fisura crónica. Más de la mitad de los casos evolucionan de forma satisfactoria en las primeras semanas con medidas conservadoras.

El principal motivo por el que las fisuras anales tienden a la cronificación es que, una vez instauradas, se pone en marcha un círculo vicioso que a veces resulta muy difícil romper. Aparece la fisura anal, y ésta provoca dolor. Este dolor hace que la musculatura anal “se ponga tensa”: aumenta su tono, de forma que el esfínter se cierra. En el momento de la defecación, en circunstancias normales, los esfínteres del ano (interno y externo) se relajan. Permitiendo la salida de las heces.

Cuando por dolor (o por miedo a éste) la musculatura se tensa, se transforma en un obstáculo para la salida de las heces. Lo que da lugar a la necesidad de realizar unos pujos más intensos al defecar. Dicho espasmo y los pujos exagerados contribuyen al empeoramiento de la fisura.

Además, el propio espasmo muscular da lugar a una disminución del flujo de sangre que llega a la fisura, lo que dificulta el proceso de cicatrización.

Control del estreñimiento

Como os contaba la semana pasada, el estreñimiento suele ser el principal culpable de la fisura anal. Ya sea por desencadenarla, o por contribuir a perpetuar su círculo vicioso.

Por lo que la medida más importante en el tratamiento de la fisura anal es conseguir un hábito intestinal regular y una consistencia adecuada de las heces. Que permita la evacuación diaria (o como mucho, cada dos días), sin necesidad de hacer mucho esfuerzo.  Para ello es importante realizar las modificaciones dietéticas necesarias (en ocasiones es necesario seguirlas de forma muy estricta) además de asegurar una adecuada hidratación (se aconseja beber entre 1,5-2 litros de agua – variable según las condiciones ambientales, la actividad física y las necesidades individuales). En ocasiones es necesaria la toma de laxantes para  conseguir un ritmo intestinal adecuado.

Otras medidas útiles para poner en práctica día a día son:

– Adoptar una postura de defecación adecuada (puedes leer más aquí sobre este tema): la posición más fisiológica (natural) se consigue colocando un pequeño taburete bajo nuestros pies.

– Los pujos deben hacerse también correctamente. Nada de empujar quedándonos sin respirar. Cuando sea necesario pujar, se hará siempre exhalando aire.

– Los baños de asiento con agua tibia o caliente tras la defecación y 1-2 veces al día, contribuyen a relajar la musculatura.

– En ocasiones puede ayudar relajar de forma manual el esfínter anal antes de la evacuación. O lubricar la zona con algún aceite para facilitar el paso de las heces.

– La ingesta de alcohol y los alimentos picantes suelen agravar los síntomas, por lo que su consumo debería evitarse.

Control del dolor y medidas específicas

Tratamiento de la fisura anal analgésicoComo en cualquier proceso doloroso, está indicada la toma de analgésicos. Pueden ser útiles los analgésicos comunes, los antiinflamatorios, los relajantes musculares u otros grupos de fármacos orales, según las necesidades y patología de base de cada paciente.

Suele indicarse también la aplicación de tratamientos tópicos (pomadas) de anestésicos o corticoides. Aunque está contraindicado su uso durante largos periodos.

Aquellos casos en los que las fisuras aparecen en el contexto de otros procesos (enfermedad inflamatoria intestinal, infecciones, etc), obviamente será necesario tratar el problema de base. Aunque todas las pautas previas suelen ser también útiles.

Cuando hay un componente importante de hipertonía del suelo pélvico puede ser beneficiosa la realización de fisioterapia. Con el objetivo de conseguir que se relaje dicha musculatura: mediante tratamiento manual, estiramientos y otros ejercicios específicos.

Toxina botulínica

Tratamiento de la fisura anal BotoxLa toxina botulínica (el famoso Botox®) es un fármaco que ha demostrado ser útil en la fisura anal. Esta toxina, en dosis bajas, actúa relajando el músculo sobre el que se inyecta. Por eso, al administrarla en el esfínter anal  contribuirá a disminuir su espasmo. Ayudando a la cicatrización de la fisura.

La toxina botulínica es relativamente fácil de administrar (aunque resulta molesta para el paciente) y no requiere hospitalización. Como inconveniente, dado que su efecto es reversible,  en ocasiones es necesario realizar más de una infiltración.

Tratamiento quirúrgico

Cuando las medidas anteriores han fracasado, estaría indicado el tratamiento quirúrgico. La esfinterotomía lateral interna es el procedimiento habitualmente empleado por los cirujanos colorrectales.

¿Sufres una fisura anal? ¿Estás siguiendo ya las pautas que he comentado?

Fotografía: Sergio Conda en Flickr, Thought Catalog en Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Dolor pélvico

20 marzo, 2018 by Dra.Morales

Fisura anal, ¿qué es?

Fisura anal anatomíaUn problema muy frecuente (cada vez más, probablemente por el ritmo de vida actual) es la fisura anal. Una lesión que puede llegar a afectar de forma significativa a la calidad de vida de quienes la sufren. Es difícil saber su incidencia exacta, pero se trata de un proceso muy prevalente.

Una fisura anal consiste en un desgarro (una herida) de la mucosa que recubre el canal anal (el tramo final del intestino grueso). Su aparición suele ser progresiva (debido a distintos factores) y su curación es en muchas ocasiones un proceso lento e insidioso.

¿Qué síntomas produce la fisura anal?

Las fisuras anales normalmente cursan con dolor. Que en ocasiones puede llegar a ser muy intenso: algunos lo describen como desgarrador. Inicialmente, este dolor se suele limitar al momento de la defecación. Pero si pasa el tiempo y la fisura cronifica, el dolor puede permanecer hasta horas después de la defecación (debido al espasmo provocado en la musculatura). En algunos casos este dolor persiste durante todo el día. E interfiere en distintos ámbitos de la vida cotidiana del paciente: laboral y social, pues es habitual que el dolor impida la sedestación prolongada (estar sentado mucho tiempo); y también en el ámbito personal, pues llega a limitar la vida sexual y de ocio.

Fisura anal dolor

Las fisuras anales también provocan sangrado. En cantidad variable según el grado de la misma. El sangrado producido por una fisura anal es rojo vivo, sangre fresca.

¿Por qué aparece?

Sin lugar a dudas, la principal causa es el estreñimiento. Aunque la diarrea es en ocasiones el principal factor desencadenante. La combinación perfecta para que aparezca una fisura anal son unas heces duras con unos pujos inadecuados durante la defecación. Sobre todo si esto sucede de forma mantenida, a lo largo de días o semanas. La mucosa se va volviendo más friable de forma progresiva, hasta que un día “se rompe”. Apareciendo una solución de continuidad que puede ser el comienzo de un círculo vicioso problemático:

El dolor asociado a la fisura suele provocar un espasmo reactivo del esfínter anal. Es decir, el dolor hace que la zona perianal esté más tensa de lo que debería estar. En circunstancias normales, en el momento de la defecación el suelo pélvico se relaja, “se abre” para que las heces puedan salir. Si el esfínter anal no está relajado, la defecación será aún más difícil por existir un obstáculo para su salida. Añadido al dolor que las heces provocan al atravesar la zona de la fisura.

Cuando esto sucede, es habitual que la persona, ya sea de forma voluntaria o inconsciente, posponga el momento de la defecación. Por el miedo al dolor. Lo que agrava el cuadro pues cuanto mayor tiempo permanecen las heces en el intestino, más duras se vuelven. Y más difíciles de evacuar.

La fisura anal aparece con frecuencia asociada a las hemorroides (parece lógico, pues comparten factores desencadenantes).

Disfunciones del suelo pélvico

En otras ocasiones el desencadenante puede ser un mal funcionamiento del suelo pélvico. Normalmente debido a un exceso de tono en esta musculatura que impide la relajación adecuada y necesaria para que la defecación se produzca con normalidad.

Esta hipertonía del suelo pélvico puede ser secundaria a episiotomías o desgarros con evolución desfavorable (las fisuras anales del posparto); o a un aumento de tono provocado por ejercicios de fortalecimiento practicados de forma incorrecta o excesiva.

Existen otras causas de fisuras anales, como la enfermedad inflamatoria intestinal, ciertos procesos infecciosos, secuelas de cirugías coloproctológicas, traumatismos anales, etc.

Cada vez más frecuentes

Como he comentado al principio de esta entrada, la incidencia de las fisuras anales está probablemente en aumento (es difícil conocer su cifra exacta por tratarse de un tema por el que no todos los pacientes consultan). Uno de los motivos es, seguramente, el ritmo acelerado de vida que muchos llevamos.

Cuando no se atiende al deseo defecatorio y se pospone el momento de la evacuación (por prisas, por higiene, etc), las heces se van volviendo más duras y más difíciles de eliminar. Y por otro lado, el ritmo intestinal va cambiando: si no hacemos caso a nuestro intestino (retrasando el momento de la defecación), éste «dejará de avisarnos». De manera que  la frecuencia con la que nuestro intestino nos avisa de que debemos vaciarlo disminuye. Pudiendo dar lugar al comienzo del círculo vicioso del que os he hablado.

La próxima semana os daré unas pautas para evitar la aparición una fisura anal. O para conseguir su curación una vez que ha aparecido. De momento, aquí puedes encontrar información útil.

¿Has pasado por la mala experiencia de sufrir una fisura anal?

Fotografía: Aziz Acharki en Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Dolor pélvico

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