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10 abril, 2018 by Dra.Morales

Consulta de suelo pélvico

Hasta ahora no había contado nada sobre cómo es una consulta de suelo pélvico. Muchos pacientes no tienen claro para qué los “han mandado” a una consulta de Rehabilitación. De hecho, algunos “ni sabían que esto existía”.

Y sí. Existe. La consulta de suelo pélvico se va implantando poco a poco en los hospitales públicos, y en el ámbito privado va creciendo su demanda de forma progresiva.

Consulta de suelo pélvico Historia clínica

Consulta de suelo pélvico

En realidad yo me voy a centrar en la consulta de Rehabilitación. Otros compañeros (Urólogos, Ginecólogos, Cirujanos Generales) también pasan consulta de suelo pélvico, pero cada uno de ellos con un enfoque específico sobre las áreas en las que son expertos: aparato urinario, genital, digestivo… Mientras que la visión de los médicos rehabilitadores es global: además de interrelacionar cada uno de estos aparatos entre sí, valoramos al sujeto de forma integral. Y analizamos de qué manera repercute en su día a día el motivo por el que  nos consulta.

consulta de suelo pélvico madrid dramoralesruizLo habitual es que los pacientes lleguen a los médicos rehabilitadores tras haber sido estudiados y/o tratados (en caso de haberse sometido a una cirugía u otros tratamientos) por los especialistas que acabo de mencionar. Las nuestras, suelen ser consultas largas (30-45 minutos de duración) en las que preguntaremos y exploraremos al paciente para tener un diagnóstico rehabilitador que nos permita ofrecerle el plan de tratamiento más adecuado.

Nuestro esquema es análogo al de cualquier consulta médica: anamnesis, exploración física y valoración de pruebas complementarias. Sin olvidar los antecedentes personales del paciente (sus enfermedades previas, o de base).

Anamnesis

Este término hace referencia a la historia clínica contada por el paciente. Guiada por el médico. Durante la entrevista necesitamos saber los síntomas que sufre, desde cuándo, en qué circunstancias aparecen… No es lo mismo la incontinencia de orina que aparece durante una carcajada que aquella que se produce porque el sujeto no ha llegado a tiempo al váter.

Es importante saber también qué tratamientos se han realizado previamente y el efecto que éstos han tenido. No tiene sentido repetir aquello que no ha sido eficaz.

Exploración física

La exploración que realizamos en la consulta de Rehabilitación es muy completa. Como he dicho anteriormente, no nos limitamos al suelo pélvico.

Nos aporta información valiosa analizar la postura de la persona. Así como explorar su abdomen y la región lumbar. Es importante fijarnos en el patrón respiratorio y en su forma de realizar los esfuerzos. Y nunca debemos pasar por alto una exploración neurológica básica, sobre todo en aquellos casos en que se sospeche que la patología del suelo pélvico puede ser una manifestación más, o el debut de una enfermedad neurológica.

Prácticamente siempre es necesaria una exploración ginecológica (tacto rectal en el caso de los varones). Valoramos el suelo pélvico desde fuera y mediante palpación interna. Para determinar el tono de la musculatura del suelo pélvico, la posición de las vísceras pélvicas, la fuerza de contracción, la presencia de dolores…

Sólo tras una entrevista completa y una exploración adecuada estaremos en disposición de hacer el diagnóstico correcto. En la próxima entrada os cuento qué más información nos puede resultar útil y cómo establecer el plan de tratamiento idóneo.

Y a ti, ¿ya te ha valorado tu médico rehabilitador?

Filed Under: Miscelánea

3 abril, 2018 by Dra.Morales

¿Botox y suelo pélvico?

Botox y suelo pélvico uso cosméticoLa toxina botulínica es un fármaco cuyo uso está cada vez más extendido en distintos ámbitos. Una de las marcas comerciales más conocida es el Botox®. Que la mayoría de las personas relaciona con el uso con fines cosméticos (para borrar las arrugas).

Pero su aplicación en el ámbito de la Medicina persigue objetivos bien distintos y variados: es una poderosa arma contra la espasticidad, permite tratar las secuelas de una parálisis facial o evitar el exceso de sudoración. Alivia cefaleas y contribuye al tratamiento de otros dolores. Pero ¿Botox y suelo pélvico? También.

¿Cómo actúa la toxina botulínica?

Botox y suelo pélvicoLa toxina botulínica es una neurotoxina producido por la bacteria Clostridium botulinum. Aunque en el post solo pretendo  contaros sus usos y beneficios, en realidad la toxina botulínica es uno de los venenos más potentes que existen, pues actúa provocando una parálisis muscular, que podría resultar letal.

Esta parálisis muscular, provocada  en una localización precisa y con la dosis adecuada, es la que permite conseguir el efecto terapéutico buscado. Si, por ejemplo,  inyectamos toxina botulínica en un músculo espástico (un músculo con un exceso de tono)  como el de la imagen inferior es posible disminuir dicho tono y relajar el músculo. Lo que puede contribuir a mejorar la función de la mano o, al menos, evitar complicaciones relacionadas con la postura anómala.

Botox y suelo pélvico espasticidad
Patrón de espasticidad del miembro superior en patologías neurológicas

Además de Allergan (Botox®), otros laboratorios comercializan toxina botulínica: Merz (Xeomin®) o Ipsen Pharma (Dysport®).

Botox y suelo pélvico

El uso de toxina botulínica para el suelo pélvico es relativamente reciente. Sus principal indicación es el dolor miofascial (o el síndrome miofascial del suelo pélvico). Y otros procesos dolorosos como la fisura anal.

En cualquiera de estas situaciones, el principal problema radica en que el exceso de tono de la musculatura del suelo pélvico  pone en marcha el círculo vicioso del dolor. Al doler más, aumenta la tensión en la musculatura, que intensifica el dolor y a su vez el tono muscular. En este proceso, además, pueden verse comprometidas las funciones de continencia urinaria o fecal y la  sexual.

Cuando administramos la toxina en el músculo afectado su tono disminuye, se relaja. Lo que en muchos casos significa dar el primer paso de la recuperación. Habitualmente la administración de toxina debe acompañarse de otros tratamientos o medidas. Por ejemplo, en el caso del dolor miofascial suele indicarse posteriormente tratamiento manual o automasajes  de la zona afectada; en otros casos como en la fisura anal, se deben seguir el resto de recomendaciones que ya os conté, para favorecer la curación completa de la fisura.

Es decir, la toxina suele ser una herramienta más (muy útil) en el abordaje de la mayoría de los procesos dolorosos del suelo pélvico.

¿Quién la administra?

La toxina botulínica sólo puede ser administrada por médicos con formación específica en esta materia.

Botox y suelo pélvico intramuscularEs una intervención que se suele realizar en la misma consulta médica (no es necesario hacerlo en el quirófano). La técnica consiste en localizar el músculo o músculos diana (los afectados) mediante palpación o con la ayuda de aparato de imagen (ecografía). Una vez localizado, se inyecta la solución de toxina botulínica (previamente diluida en suero fisiológico o anestésico local) en uno o varios puntos del vientre muscular. Todo el proceso, si se realiza por manos expertas, no suele durar más de 20-30 minutos.

¿Has recibido tratamiento con toxina botulínica en tu suelo pélvico? ¿Nos cuentas tu experiencia?

Fotografía: Helena Sir en Flickr

Filed Under: Dolor pélvico

27 marzo, 2018 by Dra.Morales

Tratamiento de la fisura anal

En el post anterior os contaba qué es una fisura anal y los factores que contribuyen a que aparezca. Hoy os quiero explicar cómo prevenir su aparición y cuál es el mejor abordaje una vez instaurada. Las medidas más importantes en el tratamiento de la fisura anal están directamente relacionadas con sus factores desencadenantes.

Tratamiento de la fisura anal
La fisura anal a veces provoca un círculo vicioso del que puede resultar difícil salir.

Tratamiento de la fisura anal

Para explicar las alternativas de tratamiento de la fisura anal podemos clasificarla en aguda y crónica. En general, podríamos decir que la fisura anal aguda se trata con medidas conservadoras (sin cirugía). Mientras que en la fisura anal crónica habitualmente se plantea la opción quirúrgica.

Se considera aguda una fisura anal cuando han transcurrido menos de 6-8 semanas desde su aparición. Más allá de este período, podemos hablar de fisura crónica. Más de la mitad de los casos evolucionan de forma satisfactoria en las primeras semanas con medidas conservadoras.

El principal motivo por el que las fisuras anales tienden a la cronificación es que, una vez instauradas, se pone en marcha un círculo vicioso que a veces resulta muy difícil romper. Aparece la fisura anal, y ésta provoca dolor. Este dolor hace que la musculatura anal “se ponga tensa”: aumenta su tono, de forma que el esfínter se cierra. En el momento de la defecación, en circunstancias normales, los esfínteres del ano (interno y externo) se relajan. Permitiendo la salida de las heces.

Cuando por dolor (o por miedo a éste) la musculatura se tensa, se transforma en un obstáculo para la salida de las heces. Lo que da lugar a la necesidad de realizar unos pujos más intensos al defecar. Dicho espasmo y los pujos exagerados contribuyen al empeoramiento de la fisura.

Además, el propio espasmo muscular da lugar a una disminución del flujo de sangre que llega a la fisura, lo que dificulta el proceso de cicatrización.

Control del estreñimiento

Como os contaba la semana pasada, el estreñimiento suele ser el principal culpable de la fisura anal. Ya sea por desencadenarla, o por contribuir a perpetuar su círculo vicioso.

Por lo que la medida más importante en el tratamiento de la fisura anal es conseguir un hábito intestinal regular y una consistencia adecuada de las heces. Que permita la evacuación diaria (o como mucho, cada dos días), sin necesidad de hacer mucho esfuerzo.  Para ello es importante realizar las modificaciones dietéticas necesarias (en ocasiones es necesario seguirlas de forma muy estricta) además de asegurar una adecuada hidratación (se aconseja beber entre 1,5-2 litros de agua – variable según las condiciones ambientales, la actividad física y las necesidades individuales). En ocasiones es necesaria la toma de laxantes para  conseguir un ritmo intestinal adecuado.

Otras medidas útiles para poner en práctica día a día son:

– Adoptar una postura de defecación adecuada (puedes leer más aquí sobre este tema): la posición más fisiológica (natural) se consigue colocando un pequeño taburete bajo nuestros pies.

– Los pujos deben hacerse también correctamente. Nada de empujar quedándonos sin respirar. Cuando sea necesario pujar, se hará siempre exhalando aire.

– Los baños de asiento con agua tibia o caliente tras la defecación y 1-2 veces al día, contribuyen a relajar la musculatura.

– En ocasiones puede ayudar relajar de forma manual el esfínter anal antes de la evacuación. O lubricar la zona con algún aceite para facilitar el paso de las heces.

– La ingesta de alcohol y los alimentos picantes suelen agravar los síntomas, por lo que su consumo debería evitarse.

Control del dolor y medidas específicas

Tratamiento de la fisura anal analgésicoComo en cualquier proceso doloroso, está indicada la toma de analgésicos. Pueden ser útiles los analgésicos comunes, los antiinflamatorios, los relajantes musculares u otros grupos de fármacos orales, según las necesidades y patología de base de cada paciente.

Suele indicarse también la aplicación de tratamientos tópicos (pomadas) de anestésicos o corticoides. Aunque está contraindicado su uso durante largos periodos.

Aquellos casos en los que las fisuras aparecen en el contexto de otros procesos (enfermedad inflamatoria intestinal, infecciones, etc), obviamente será necesario tratar el problema de base. Aunque todas las pautas previas suelen ser también útiles.

Cuando hay un componente importante de hipertonía del suelo pélvico puede ser beneficiosa la realización de fisioterapia. Con el objetivo de conseguir que se relaje dicha musculatura: mediante tratamiento manual, estiramientos y otros ejercicios específicos.

Toxina botulínica

Tratamiento de la fisura anal BotoxLa toxina botulínica (el famoso Botox®) es un fármaco que ha demostrado ser útil en la fisura anal. Esta toxina, en dosis bajas, actúa relajando el músculo sobre el que se inyecta. Por eso, al administrarla en el esfínter anal  contribuirá a disminuir su espasmo. Ayudando a la cicatrización de la fisura.

La toxina botulínica es relativamente fácil de administrar (aunque resulta molesta para el paciente) y no requiere hospitalización. Como inconveniente, dado que su efecto es reversible,  en ocasiones es necesario realizar más de una infiltración.

Tratamiento quirúrgico

Cuando las medidas anteriores han fracasado, estaría indicado el tratamiento quirúrgico. La esfinterotomía lateral interna es el procedimiento habitualmente empleado por los cirujanos colorrectales.

¿Sufres una fisura anal? ¿Estás siguiendo ya las pautas que he comentado?

Fotografía: Sergio Conda en Flickr, Thought Catalog en Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Dolor pélvico

20 marzo, 2018 by Dra.Morales

Fisura anal, ¿qué es?

Fisura anal anatomíaUn problema muy frecuente (cada vez más, probablemente por el ritmo de vida actual) es la fisura anal. Una lesión que puede llegar a afectar de forma significativa a la calidad de vida de quienes la sufren. Es difícil saber su incidencia exacta, pero se trata de un proceso muy prevalente.

Una fisura anal consiste en un desgarro (una herida) de la mucosa que recubre el canal anal (el tramo final del intestino grueso). Su aparición suele ser progresiva (debido a distintos factores) y su curación es en muchas ocasiones un proceso lento e insidioso.

¿Qué síntomas produce la fisura anal?

Las fisuras anales normalmente cursan con dolor. Que en ocasiones puede llegar a ser muy intenso: algunos lo describen como desgarrador. Inicialmente, este dolor se suele limitar al momento de la defecación. Pero si pasa el tiempo y la fisura cronifica, el dolor puede permanecer hasta horas después de la defecación (debido al espasmo provocado en la musculatura). En algunos casos este dolor persiste durante todo el día. E interfiere en distintos ámbitos de la vida cotidiana del paciente: laboral y social, pues es habitual que el dolor impida la sedestación prolongada (estar sentado mucho tiempo); y también en el ámbito personal, pues llega a limitar la vida sexual y de ocio.

Fisura anal dolor

Las fisuras anales también provocan sangrado. En cantidad variable según el grado de la misma. El sangrado producido por una fisura anal es rojo vivo, sangre fresca.

¿Por qué aparece?

Sin lugar a dudas, la principal causa es el estreñimiento. Aunque la diarrea es en ocasiones el principal factor desencadenante. La combinación perfecta para que aparezca una fisura anal son unas heces duras con unos pujos inadecuados durante la defecación. Sobre todo si esto sucede de forma mantenida, a lo largo de días o semanas. La mucosa se va volviendo más friable de forma progresiva, hasta que un día “se rompe”. Apareciendo una solución de continuidad que puede ser el comienzo de un círculo vicioso problemático:

El dolor asociado a la fisura suele provocar un espasmo reactivo del esfínter anal. Es decir, el dolor hace que la zona perianal esté más tensa de lo que debería estar. En circunstancias normales, en el momento de la defecación el suelo pélvico se relaja, “se abre” para que las heces puedan salir. Si el esfínter anal no está relajado, la defecación será aún más difícil por existir un obstáculo para su salida. Añadido al dolor que las heces provocan al atravesar la zona de la fisura.

Cuando esto sucede, es habitual que la persona, ya sea de forma voluntaria o inconsciente, posponga el momento de la defecación. Por el miedo al dolor. Lo que agrava el cuadro pues cuanto mayor tiempo permanecen las heces en el intestino, más duras se vuelven. Y más difíciles de evacuar.

La fisura anal aparece con frecuencia asociada a las hemorroides (parece lógico, pues comparten factores desencadenantes).

Disfunciones del suelo pélvico

En otras ocasiones el desencadenante puede ser un mal funcionamiento del suelo pélvico. Normalmente debido a un exceso de tono en esta musculatura que impide la relajación adecuada y necesaria para que la defecación se produzca con normalidad.

Esta hipertonía del suelo pélvico puede ser secundaria a episiotomías o desgarros con evolución desfavorable (las fisuras anales del posparto); o a un aumento de tono provocado por ejercicios de fortalecimiento practicados de forma incorrecta o excesiva.

Existen otras causas de fisuras anales, como la enfermedad inflamatoria intestinal, ciertos procesos infecciosos, secuelas de cirugías coloproctológicas, traumatismos anales, etc.

Cada vez más frecuentes

Como he comentado al principio de esta entrada, la incidencia de las fisuras anales está probablemente en aumento (es difícil conocer su cifra exacta por tratarse de un tema por el que no todos los pacientes consultan). Uno de los motivos es, seguramente, el ritmo acelerado de vida que muchos llevamos.

Cuando no se atiende al deseo defecatorio y se pospone el momento de la evacuación (por prisas, por higiene, etc), las heces se van volviendo más duras y más difíciles de eliminar. Y por otro lado, el ritmo intestinal va cambiando: si no hacemos caso a nuestro intestino (retrasando el momento de la defecación), éste «dejará de avisarnos». De manera que  la frecuencia con la que nuestro intestino nos avisa de que debemos vaciarlo disminuye. Pudiendo dar lugar al comienzo del círculo vicioso del que os he hablado.

La próxima semana os daré unas pautas para evitar la aparición una fisura anal. O para conseguir su curación una vez que ha aparecido. De momento, aquí puedes encontrar información útil.

¿Has pasado por la mala experiencia de sufrir una fisura anal?

Fotografía: Aziz Acharki en Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Dolor pélvico

13 marzo, 2018 by Dra.Morales

Prolapso rectal, ¿qué es?

Os he hablado en post previos de algunos tipos de prolapso (cistocele o prolapso vesical, prolapso uterino). En la entrada de hoy quiero explicaros en qué consiste el prolapso rectal, una entidad diferente a las que os había descrito anteriormente.

La definición de prolapso es la protrusión de un órgano, o parte de él, a través de un orificio por el que éste no debería salir (vagina o recto). Puede suceder que la vejiga, el útero o el recto salgan por la vagina; en ese caso hablaríamos de cistocele, histerocele o rectocele, respectivamente.  Otras veces, la protrusión es a través del ano: puede ser la mucosa rectal (prolapso parcial) o la  pared del recto (prolapso completo). Hablamos entonces de prolapso rectal.

Prolapso rectal

¿Por qué aparece?

Los prolapsos rectales son más frecuentes en adultos mayores (sobre todo en mujeres). En raras ocasiones aparecen en niños pequeños (menores de 3 años). Se deben a la pérdida del sostén adecuado del recto. Por lesión o disfunción de los ligamentos que deberían fijarlo a las paredes pélvicas (y mantenerlo «suspendido»).

Pueden ser secundarios a pujos exagerados (empujar de forma incorrecta) durante la defecación. Ya sea por estreñimiento o por hacerlos siempre con prisas (y empujar usando una mala técnica). Puede tratarse de secuelas tras cirugías ano-rectales previas. En niños pueden asociarse a enfermedades como la fibrosis quística o a ciertas deformidades. Y en adultos a veces son secundarios a debilidad o daño del suelo pélvico (por ejemplo, durante un parto complicado). Los pacientes con historia de hemorroides pueden asociar prolapsos de mucosa rectal.

Las personas con tos habitual (enfermedades pulmonares) tienen también aumentado el riesgo de prolapso de órganos pélvicos, por el incremento de presiones que supone una tos mantenida a largo plazo.

Síntomas del prolapso rectal

Por definición, cuando hay un prolapso, la mucosa o el recto protruyen a través del ano. En fases iniciales esto puede suceder únicamente durante la defecación o al realizar determinados esfuerzos. Puede asomar también el prolapso al estar de pie o al caminar, en fases más avanzadas. O durante esfuerzos como la tos o los estornudos. En los casos más severos, el recto queda de forma permanente fuera del ano.

Cualquiera de estas formas de presentación suele provocar molestias o dolor -en ocasiones muy intenso- en la región perianal. También es habitual la irritación de la mucosa prolapsada (la parte que está fuera), debido al roce mantenido, que puede provocar picor, sangrado, secreción mucosa…

En la mayoría de los casos el esfínter anal se encuentra afectado por lo que puede asociarse incontinencia fecal. Dando lugar a pérdidas de heces de mayor o menor cuantía. A veces no llegan a producirse pérdidas pero sí urgencia defecatoria, que es la dificultad/imposibilidad para posponer el momento de la defecación. Las heces pueden tener un calibre disminuido.

En algunas ocasiones sucede lo contrario y existe dificultad para la evacuación de las heces. Otras veces la persona tiene la sensación de no haber vaciado por completo la ampolla rectal (tenesmo rectal).

¿Cómo se trata?

El prolapso rectal debe ser valorado por un cirujano colorrectal (coloproctólogo). Quien además de una exploración física solicitará las pruebas complementarias pertinentes (enema baritado, defecografía…) con el fin de realizar un estudio completo.

Al margen del tratamiento final, en el momento del diagnóstico del prolapso es necesario seguir una serie de recomendaciones higiénico-dietéticas dirigidas a conseguir un ritmo intestinal regular, con heces blandas. Tienes algunas ideas para luchar contra el estreñimiento aquí, aquí y aquí. Cuando los cambios en la dieta son insuficientes, se debe valorar la toma de laxantes. Se deben evitar los esfuerzos inadecuados y todos los factores que hagan progresar el prolapso. Es importante además, evitar lesiones de la mucosa rectal prolapsada, vigilando cualquier daño en la zona (esta mucosa no está preparada para estar expuesta a agentes externos).

El tratamiento definitivo del prolapso rectal en el adulto es generalmente quirúrgico. Existen distintas vías de acceso (perineal o abdominal) y técnicas (resección, sutura…) que decidirá el cirujano dependiendo de diversos factores (edad del paciente, tipo y grado de prolapso, etc.)

Una vez realizada la intervención quirúrgica es recomendable valorar la indicación de rehabilitación de suelo pélvico. Con los objetivos de ayudar a la cicatrización y recuperación de los tejidos afectados; y el principal, hacer con el paciente una reeducación. Para que aprenda a hacer una gestión adecuada de las presiones durante la defecación y otros esfuerzos. De esta forma se conseguirá una recuperación más rápida y se prevendrán posibles complicaciones y recidivas.  Esto es sobre todo importante en los casos en los que el prolapso es debido a pujos inadecuados por estreñimiento o a debilidad de suelo pélvico.

¿Sufres un prolapso rectal? ¿Has comenzado a tratarlo?

Fotografía: Cristian Newman

Filed Under: Disfunción defecatoria, Prolapso de órganos pélvicos

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