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12 septiembre, 2017 by Dra.Morales

Prolapso uterino durante el embarazo

El prolapso uterino durante el embarazo es una patología muy poco frecuente. Pero puesto que durante los meses de gestación son muchos los miedos que asaltan a las embarazadas (algunas dudas las soluciono aquí), quiero que esta entrada tranquilice a muchas de ellas.

Como os expliqué en el post sobre vejiga caída, el término “prolapso” hace referencia al descenso de una parte o la totalidad de algún órgano pélvico a través de la vagina. Cuando hay un prolapso uterino, el cérvix (cuello del útero) desciende hacia el orificio vaginal o incluso puede asomar a través del mismo. Para que aparezca el prolapso de un órgano pélvico debe producirse un fallo en el tejido sobre el que descansan los órganos de la pelvis (suelo pélvico) o en el tejido conectivo (ligamentos) que mantiene a dichos órganos en su posición.

Prolapso uterino durante el embarazo

La aparición de un prolapso en el embarazo es más habitual en mujeres con antecedentes de problemas de suelo pélvico. Casi siempre en relación con un parto previo complicado, o en mujeres que han tenido múltiples embarazos. Otras veces aparece en pacientes con alteraciones congénitas del tejido conectivo, que tienen hiperlaxitud (exceso de elasticidad en sus tejidos). La obesidad y los cambios hormonales propios de la gestación (progesterona, relaxina) también favorecen el prolapso. Así como el estreñimiento.

En todas las situaciones que acabo de mencionar, el tejido de sostén de las vísceras pélvicas está debilitado. Lo que favorece que el cuello del útero descienda, y en ocasiones protruya, al ser “empujado” por el útero grávido (el útero con el bebé en su interior).

Sensación de bulto y molestias

El prolapso uterino durante el embarazo puede provocar molestias en el periné, habitualmente descritas como sensación de bulto o peso en la vagina. Esta puede ser la forma inicial de presentación, y no es raro que el prolapso debute después de realizar algún esfuerzo o tras una defecación dificultosa. También es habitual la aparición de lesiones cutáneas en la mucosa prolapsada. Puede ocasionar además infecciones de orina, episodios de retención urinaria o estreñimiento.

Como he dicho al inicio del post, el prolapso uterino durante el embarazo es un problema muy infrecuente en países industrializados. Pero dado que podría asociarse con partos prematuros, abortos y complicaciones infecciosas en la madre debe realizarse una estrecha vigilancia en caso de presentarse.

Si estás embarazada y has notado cualquiera de los síntomas que he comentado,  debes consultar a tu ginecológo. Probablemente descartará esta patología y te dará las indicaciones oportunas.

Tratamiento individualizado

El tratamiento del prolapso uterino durante el embarazo debe ser individualizado. Dependiendo de la edad gestacional, el grado de prolapso y otros factores materno-fetales. Las medidas conservadoras más importantes son una higiene minuciosa de la zona y la correcta hidratación de la mucosa prolapsada; reposo en cama cuando esté indicado; y el uso de dispositivos que ayuden a mantener el útero en su posición (pesarios) en determinados casos. En raras ocasiones es necesaria la cirugía.

Tras el parto

En ocasiones el prolapso uterino persiste tras el parto. Esto se valora en la exploración ginecológica postparto. En caso de que persista, será necesario realizar un programa de rehabilitación. Con el objetivo de corregirlo en la medida de lo posible, y evitar que progrese y aparezcan complicaciones.

Fotografía: Kewei Hu en Unsplash

Filed Under: Embarazo, parto y postparto, Prolapso de órganos pélvicos

5 septiembre, 2017 by Dra.Morales

Yoga contra el estreñimiento

En una entrada reciente ya os hablé sobre los beneficios que el  yoga aporta al suelo pélvico. Os explicaba que uno de los principales motivos es que en las distintas posturas del yoga (asanas) cada movimiento está coordinado con la respiración. Lo que garantiza una correcta activación de la musculatura profunda (abdominal y suelo pélvico) en cada esfuerzo. Hoy quiero daros otro motivo más: practicar yoga contra el estreñimiento.

Yoga contra el estreñimiento

La semana pasada expliqué el efecto que el sedentarismo tiene sobre el ritmo intestinal. Y encontrábamos una razón más para hacer deporte. En realidad cualquier actividad física sería válida para mejorar el tránsito intestinal (si nos movemos nosotros, se mueve nuestro intestino). Pero me gustaría sugerir la práctica de yoga como disciplina que, por sus particularidades, puede contribuir de una forma más específica a aliviar el estreñimiento.

Las asanas ayudan al intestino

La práctica de las distintas asanas favorece el tránsito intestinal de varias formas:

  • Por un lado, las posturas de torsión y flexión de tronco actúan a modo de masaje, estimulando el paso de las heces desde los tramos iniciales del intestino grueso.
  • Al practicar determinadas asanas se consigue la angulación perfecta del tramo final del recto, lo que contribuye a la aparición del deseo de defecación y al adecuado vaciado intestinal.

Un ejemplo es Malasana, la postura que vemos en la imagen. También conocida como Upavesasana o postura de la Guirnalda. En ella se adopta una posición similar a las cuclillas: intentando apoyar los talones en el suelo, mientras se mantiene la espalda erguida separando los muslos con nuestros brazos (y las manos unidas). Esta sería, de hecho, la posición ideal de defecación (puedes leer más aqui).

  • Con la práctica regular de yoga se va corrigiendo la postura de forma progresiva. Esto contribuye a un mejor funcionamiento de las vísceras abdominales.
  • Por último, y sin entrar en detalle, se puede afirmar que el efecto emocional conseguido en yoga (habitualmente un estilo de vida más sosegado) contribuye también a encontrar la tranquilidad que tanto favorece a nuestro reloj intesinal.

Desde aquí vuelvo a animarte a que practiques yoga. Por ser una deporte que respeta el suelo pélvico. Por ser una ayuda para nuestro tránsito intestinal. Y por muchos más motivos que te gustará descubrir por ti mismo.

 Fotografía: stylecraze

Filed Under: Deporte y suelo pélvico, Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

29 agosto, 2017 by Dra.Morales

Vida sedentaria y estreñimiento

Un problema muy extendido en nuestra sociedad es el estreñimiento. En su aparición casi siempre intervienen diversas causas como la edad, el sedentarismo, la dieta, nuestro ritmo de vida acelerado, etc. Por lo que su solución pasará por intentar cambiar todos aquellos factores modificables. Es cierto que hay personas con predisposición genética, sobre la que no podemos influir. Pero sí se puede evitar el sedentarismo, hacer modificaciones en la dieta (¿has probado la granola casera?) o buscar momentos de calma en los que escuchemos nuestro reloj intestinal.

El estreñimiento es un problema con repercusión tanto a nivel físico como emocional. Y no siempre es necesario recurrir a la toma de laxantes para combatirlo. El primer paso es realizar pequeños cambios en nuestros hábitos de vida. Y en ocasiones esto es suficiente.

Sedentarismo

¿A qué llamamos sedentarismo? La palabra sedentario procede del latín (sedēre  ‘estar sentado’), y etimológicamente significa ‘que trabaja sentado’. En la actualidad somos muchos los que desempeñamos nuestra profesión permaneciendo sentados la mayor parte del tiempo: delante de un ordenador, conduciendo un vehículo o en la caja de un supermercado. También se considera sedentario cualquier trabajo en el que el individuo permanezca en la misma posición la mayor parte del tiempo, como por ejemplo dependiente en un comercio.

En sentido más amplio, se considera sedentario aquel estilo de vida carente de actividad física regular. Es decir, es sedentaria toda persona que no realiza deporte de forma habitual. Y no son pocos los casos en los que coexisten ambas situaciones: personas que permanecen estáticas durante su actividad laboral y que fuera de su jornada de trabajo no realizan ningún deporte. El abuso de la televisión y de dispositivos electrónicos (ordenadores, móviles y tablets) favorecen el sedentarismo.

Vida sedentaria y estreñimiento

Sabemos (de sobra) que la falta de actividad física en un factor de riesgo para sufrir obesidad y enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿existe alguna relación entre vida sedentaria y estreñimiento?

La actividad física previene el estreñimiento porque acelera el tránsito intestinal, haciendo que el alimento recorra el largo intestino (delgado y grueso) en el menor tiempo posible. Esto evita que el bolo de alimento se deshidrate. Y por tanto sea más fácil de eliminar. Cuando las heces son secas (y de consistencia más dura) tanto el tránsito intestinal como la evacuación resultan más difíciles.

El deporte también mueve el músculo liso

El ejercicio aeróbico acelera la respiración y el ritmo cardiaco, lo que estimula la contracción de la musculatura intestinal (estas contracciones del intestino se conocen como peristalsis). Cuando el peristaltismo es adecuado, la velocidad de paso de las heces es mayor, lo que contribuye a aumentar la frecuencia de defecación (por ejemplo, a diario, en lugar de cada 2 o 3 días) y a que se requiera menor esfuerzo para evacuar las heces. Probablemente también intervienen cambios hormonales y otros factores más complejos.

La simple actividad física que implica la vida cotidiana (tareas básicas como la ducha o el vestido, o el desplazamiento al puesto de trabajo) contribuye a mejorar el tránsito intestinal. Basta con fijarse en la dificultad para «hacer de vientre» en las personas encamadas o que deben mantener reposo por cualquier motivo.

Pero lo que de verdad contribuye a aumentar la frecuencia de defecación es realizar una actividad deportiva de forma regular. En principio, cualquier deporte puede ayudarnos. Caminar a buen ritmo a diario, al menos 45 minutos, puede ser suficiente. Y mejor aún, si es posible, practicar actividades aeróbicas más vigorosas como correr, nadar, hacer senderismo o bailar.

En mi próxima entrada os hablaré sobre una de las actividades más efectivas contra el estreñimiento.

Fotografías: Corinne Kutz and Jenniffer Birdie Shawker on Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

22 agosto, 2017 by Dra.Morales

Un taburete, ¿para qué?

Es innegable que la sociedad ha avanzado en (casi) todos los ámbitos a lo largo de la historia. Aunque debemos reconocer que en esta evolución también hemos perdido.

Hemos perdido cuando una conversación de Whastapp sustituye a un café. Perdemos cuando vivir en una gran ciudad nos va comiendo cada día por dentro. Y también salimos perdiendo cuando por higiene o comodidad ignoramos por qué nuestro cuerpo fue diseñado así.

Lejos de nuestra civilización, donde algunos hábitos perduran, el intestino sigue funcionando a su manera: allí la postura de defecación es en cuclillas, con las caderas flexionadas y las rodillas cerca del pecho. El intestino de los “civilizados” tiene esa suerte sólo de vez en cuando: en alguna salida al campo o en las “placas turcas” que sorprenden durante algunos viajes exóticos.

Inodoros

Sin entrar en detalle en la historia del inodoro, según recoge Wikipedia, nuestro sistema actual se remonta aproximadamente al siglo XVIII. La principal diferencia con los anteriores métodos fue que por primera vez contaba con un cierre hidráulico, que evitaba la salida de olores, y permitía la conexión con el alcantarillado. Lo que supuso un gran avance para la salud pública.

Los inodoros que usamos en la actualidad tienen habitualmente 40 centímetros de altura. Y lo normal es sentarnos en ellos para vaciar la vejiga y el intestino. Así, sentados, la parte final del intestino no queda posicionada correctamente. Puesto que la musculatura y ligamentos del suelo pélvico no se relajan por completo y provocan una angulación en el tramo final del intestino grueso, que dificulta el vaciado. Algo parecido a cuando una manguera está acodada y el flujo se encuentra obstruido.

Estreñimiento

Debido a esta dificultad para el paso de las heces, podemos considerar la inadecuada posición durante la defecación como un factor favorecedor del estreñimiento (además de otras causas que ya os conté aquí). Si existe un obstáculo para el tránsito fecal puede ocurrir que el vaciado sea incompleto o que sean necesarios pujos más intensos para evacuar.

Esto puede marcar el comienzo de un círculo vicioso que contribuya a la aparición de problemas proctológicos (de la zona recto-anal), como hemorroides o fisuras, y sus complicaciones.

El taburete

La buena noticia es que podemos imitar la posición fisiológica de defecación aun manteniendo nuestros inodoros. Es posible conseguirlo colocando un taburete bajo los pies. Basta un pequeño escalón de unos 20 cm que eleve nuestros pies y rodillas. El taburete hará que aumente la flexión de las caderas y se consiga la angulación adecuada del recto. Evitando cualquier obstrucción al paso de las heces.

Como no podía ser de otra forma, se pueden encontrar en el mercado taburetes diseñados específicamente para este fin. Con una forma que permite la adaptación a la base del váter y el apoyo de los pies sobre una superficie con su silueta. Es una buena opción para quien lo desee. Pero un pequeño taburete hará la misma función.

Fotografía: Sho Hatakeyama on Unsplash

Filed Under: Disfunción defecatoria, Hábitos de vida

15 agosto, 2017 by Dra.Morales

Dolor pélvico en hombres

Igual que sucede en el caso de la incontinencia urinaria, el dolor en el área pélvica tiende a relacionarse más con el sexo femenino. Pero el porcentaje de varones con diagnóstico de dolor pélvico es muy elevado (entre un 8 y un 10%). Y es seguro que lo padece un sector más amplio  de la población, pues muchos varones no consultan a su médico por desconocimiento o por considerarlo un tema tabú.

Otros, por esos mismos motivos, consultan pero lo hacen tarde. Lo que puede provocar un agravamiento del cuadro y que éste progrese hacia un dolor pélvico crónico. Un cuadro, en ocasiones, difícil de manejar.

¿A qué se debe el dolor pélvico en hombres?

En algunos pacientes, la causa del dolor en el área pélvica se objetiva claramente. Eso permite ofrecer un tratamiento dirigido, y casi siempre eficaz cuando el diagnóstico es acertado. Es el caso, por ejemplo, de las prostatitis bacterianas. Imaginemos un varón que consulta por dolor en el área perineal. Su tacto rectal muestra una glándula aumentada de tamaño, y en el cultivo se aíslan determinadas bacterias. Todo apunta a que la causa de su dolor es una prostatitis bacteriana. Y lo más probable es que responda bien al antibiótico específico.

Otra posible causa de dolor pélvico en hombres (y mujeres) es el  atrapamiento del nervio pudendo. Esta es una patología, en ocasiones de difícil diagnóstico y tratamiento.

‘Usted no tiene nada’

Con elevada frecuencia, en algunos pacientes que consultan por dolor, no se encuentra ningún hallazgo en la historia clínica, exploración física (urológica o proctológica) o pruebas complementarias, que justifique su dolor. Es decir, no hay ninguna causa demostrable que explique el dolor que está sufriendo el paciente.

“Todas las pruebas son normales.

Usted no tiene nada.”

Pero al paciente de verdad le duele. Aunque todas las pruebas sean normales. Aunque sus médicos no encuentren una causa que explique su dolor. Al paciente le duele. Y necesita un tratamiento.

Dolor miofascial del suelo pélvico

En la mayor parte de los casos en los que el paciente siente dolor en el área pélvica y se han descartado de forma razonable patologías por parte de los especialistas indicados (urólogo, proctólogo…), el “problema” reside en el músculo y las estructuras que lo rodean (el tejido conectivo o fascias). Es lo que se conoce como dolor miofascial [mio > músculo + fascia > cubierta].

El dolor miofascial consiste en la existencia de una zona dolorosa relacionada con un punto gatillo. Este punto gatillo es una zona especialmente sensible del músculo, generalmente localizada en una banda tensa, que provoca un dolor en un área característica. En los casos de dolor pélvico, este punto gatillo (coloquialmente conocido como “contractura” o “nudo”) puede localizarse en cualquiera de los músculos que constituyen el suelo pélvico, en zonas vecinas o incluso en áreas lejanas.

Haciendo un paralelismo con otras partes del cuerpo (aunque sea una excesiva simplificación), podríamos decir que el mecanismo de este dolor es similar al de una contractura cervical. Es un dolor que a menudo aparece sin una causa aparente. Que provoca un dolor localizado, pero en ocasiones también irradiado a otras zonas (cercanas o lejanas) y que si no se trata, puede llegar a cronificar.

Consulta

La buena noticia es que estos cuadros dolorosos del suelo pélvico se pueden tratar, con buena respuesta. Como he dicho, el primer paso es la valoración por el especialista correspondiente, para diagnosticar y tratar la patología cuando sea posible. Si todas las pruebas son normales o si a pesar de haber realizado el tratamiento indicado el dolor persiste, debes consultar a un médico especialista en Rehabilitación, experto en patología músculo-esquelética. Lo más probable es que sea necesario combinar tratamiento farmacológico, cambios en el estilo de vida, tratamiento manual así como estiramientos y otros ejercicios.

En próximas entradas describiré con detalle las causas dolor pélvico en varones, así como las claves de su manejo.

Si no consigues controlar tus síntomas o necesitas una valoración médica experta, puedes consultarnos aquí.
Entendemos tu dolor, y podemos ofrecerte un excelente tratamiento médico rehabilitador de suelo pélvico en Madrid.

Fotografía: Larm Rmah enUnsplash

Filed Under: Dolor pélvico, Suelo pélvico en el varón

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